domingo, 13 de julio de 2008

IV - ILSE, BK

· Si hay algo que investigar hoy en las escuelas es la presencia de lo no-escolar allí.
· El Burger King es una maquinaria muy consistente de reglamentación de la situación, absolutamente todo allí está pautado: desde los lugares, las jerarquías, las relaciones, las tareas, hasta las fiestas y los momentos de descanso. Y a pesar de que todo allí está tan pautado o, mejor dicho, a causa de que todo está tan pautado, Carolina pudo armar un grupo de amigos, pudo empezar a establecer vínculos más consistentes con sus compañeros que los vínculos que establecía en la escuela. Si la escuela nunca significó mucho para ella, a partir de su inclusión en Burger King, desapareció por completo. La escuela dejó de existir tanto en su discurso como en sus prácticas. Ahora, todo pasa por Burger King. Parece que la maquinaria de Burger propone, sobre todo, una organización subjetiva.
· ¿Qué efectos subjetivos tiene transitar un espacio completamente organizado? Si salteamos el obstáculo ideológico, podemos preguntarnos por los efectos subjetivos de estos dispositivos y los modos en que operan. Una cosa es hablar del par de opuestos “libertad vs. represión” en un mundo organizado, y otra muy distinta es pensar desde esa lógica en un mundo caótico. Quizá en el mundo actual lo represivo sea subjetivante. Aunque si observamos más detenidamente el procedimiento de estas maquinarias, nos encontramos con que no parecen ser estrictamente represivas. ¿Qué características tienen entonces? La idea sería, más que ver si se trata de control o libertad creativa, pensar qué produce en una situación específica.
· Parece que la eficacia pasa por realizar una lectura exhaustiva de los signos, es decir, por la capacidad de leer la mayor cantidad de signos posibles. Esto se ve muy claro tanto en la maquinaria del ILSE como en la de Burger King o Mc Donals. Se trata allí de leer minuciosamente a los chicos que ingresan y crear una norma para cada signo. Y esto no es exactamente autoritarismo. Si uno no puede organizarse un mundo, entonces la maquinaria se encarga de organizarlo.
· Sería interesante registrar qué tipo de signos se emiten en el mundo actual, qué signos de los emitidos son los que se leen y cómo se organiza esa lectura. Veamos ahora qué pasa si intentamos relacionar estas preguntas con la pregunta por los efectos que producen las maquinarias que organizan territorios. El ser leído, el hecho de que alguien lea los signos que uno emite tiene efectos subjetivantes. Quizás lo más eficaz de estas maquinarias pase por su capacidad de leer los signos que cada chico emite y de operar desde esas singularidades. Quizá por eso los chicos se sienten contenidos allí. Quizá ésa sea la verdadera diferencia con los espacios en que los signos no son leídos por nadie.
· ¿Para qué se lee?, ¿se lee para evitar que se derrumbe la organización?, ¿o se lee para producir vínculo? Hay una diferencia muy grande entre una actividad que va leyendo los signos del otro con una intencionalidad preventiva –como en el caso del ILSE–, y otra –más cercana a la experiencia de Pato en el Bajo Flores o de Bruno en Catán– en que la lectura de cada signo emitido habilita inmediatamente algo en la relación.
· Entre la maquinaria ILSE, el Burger King y los Call Centers. ¿Qué es lo común allí? Entre otras cosas, que fijan sus objetivos de antemano. Pero la organización funciona precisamente por los efectos no buscados que genera. Los objetivos no siempre coinciden con los efectos a pesar de son éstos los que hacen que la organización funcione.

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