En la película argentina Sábado parecería que en los personajes no hay pasión. Pero si lo pensamos en el sentido spinoziano del término pasión, son sólo pasión, porque no procesan nada, todo lo que les pasa es porque “pintó”. Abulia de época. Se trata de encuentros azarosos, que se hacen y deshacen sin dejar ninguna marca. No es una fenomenología pura de la inmediatez de las sensaciones, sino un vacío de sentido; ni sentido trascendente ni juego inmanente de los sentidos. Una inmanencia estúpida o un nihilismo ingenuo, débil, que ni siquiera destruye. Son lo opuesto a Bartleby, el personaje de Herman Melvilla, que a todo contestaba “preferiría no hacerlo” (I rather not to).[1] Deleuze dice que la operación de Bartleby es una forma de deshacer la relación que hay entre las cosas, entre las palabras, y entre las palabras y las cosas. Bartleby es una especie de nihilista que a todo dice que no; Sábado, en cambio, mostraría un nihilismo débil, que a todo dice que sí pero como aceptación, sin afirmación, que no puede pensar ningún más allá de lo dado. Se podría pensar que no saben lo que quieren, o bien que no quieren nada.
A la modernidad corresponden frases con sentido, todo el mundo sabía quién era, dónde estaba y para qué, porque había un sentido otorgado y trabajado para cada uno que donaba rol. Llamamos a ese sentido trascendencia en cuanto no es elaboración propia. Para pensar el mundo contemporáneo, en cambio, aparece la fórmula praxis sin sentido. Pero ¿qué es una praxis sin sentido? ¿No será que cada uno de nosotros tiene una modernidad a medida, llamada proyecto personal, que de alguna manera proyecta un sentido, muy mínimo pero que alcanza para seguir, impidiendo que pensemos no un mero sinsentido sino una praxis sin sentido, es decir, que no tenga por motor algún tipo de finalismo?
Spinoza dice que el sentido, o el finalismo, es una ficción por la cual mi querer aparece como causa final. Hay un resultado que justifica al acto. Pero no hay nada “al final” que pueda dar sentido a la praxis salvo porque yo proyecté mi querer y lo puse como causa final. Es decir que todo lo que se ha llamado sentido han sido proyecciones idealistas del querer. ¿Qué sería una recuperación del querer que no sea proyectada como sentido, es decir que mi acto no se jusfitique por una causa final? En Sábado directamente hay incapacidad de causa final. La película contiene una hipótesis ultra extrema y ultra próxima; uno tal vez nunca estuvo en una situación así pero al mismo tiempo está cada dos por tres a un paso de caer ahí. ¿Es posible pensar en un tipo de praxis de existencia sin sentido final? En Sábado, donde pareciera haber praxis sin finalidad (porque tampoco sería lícito decir que allí hay nada de nada), el final repite la escena del principio, la misma, mismas personas en la misma situación, no hubo alteración. ¿Hay praxis si no hay ni mínimas alteraciones?
[1] El personaje trabaja en una oficina y un día decide dejar de hacer, a todo dice “preferiría no hacerlo”. No hace nada pero se queda a ahí. El jefe hasta decide dejarlo y mudar la oficina a otro edificio. Finalmente, el personaje termina muriendo.
domingo, 13 de julio de 2008
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