domingo, 13 de julio de 2008

XIII - Lo colectivo

Lo colectivo no puede pasar a ser la caricatura de que “vos, vos y yo” nos juntamos y pasamos a ser el colectivo que nos afecta. Lo colectivo es un nivel muy complejo de la integración que supone todo acto, toda situación. No la voluntad de tener la bandita. Los otros no son una banalidad opcional, son parte de la definición de lo que soy yo ahora; cuando pienso en mí tengo que pensar en el conjunto de los seres presentes y pasados que me constituyen. Ahí se abre un yo ya colectivo. No hay instancia de individuos puros que pueda agregarse con otros (teoría liberal de la reunión). El otro me es útil en tanto me habilita a ir más allá de mí. Y aquí también operar una polaridad puede llegar a ser útil.
Ya somos colectivos. De lo que se trata, en todo caso, es de recuperar soberanía sobre esa trama. Una vía podría ser abrir líneas de relación explícita no establecidas, encuentros que desborden lo dado. Hay algo del vínculo con otro que da confianza para delimitar, uno mismo, los valores de la situación. Hay algo del vínculo con otro que permite pensar que lo que uno hace no es una locura.
Pero, ¿qué pasa cuando alguien cualquiera tira al mundo una iniciativa? Puede encontrar distintas cosas. Por ejemplo, aplauso. O encuentra una indiferencia total, nadie lo entiende. En un extremo, los aplausos inmediatos tal vez señalan que uno no introdujo nada nuevo en el mundo, que se obedeció absolutamente lo que se esperaba de uno, carne de redundancia. La indiferencia absoluta bien puede ser por falta de talento o por la radicalidad con que lo nuevo no halla lugar (como el artista que no está sometido a valores previos). Tal vez en el medio está el abucheo.

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