En Rusia, la emisión promedio de sílabas en la radio y televisión se ha duplicado desde la caída del régimen soviético. En un mundo signado por la velocidad, se pone en evidencia, por ejemplo, la diferencia generacional en la imposibilidad de entender el relato de los videoclips. Pero no se trata de un problema de imaginación; habría un diferencial entre la velocidad de las imágenes y el tiempo necesario para darle sentido a cada una y el conjunto. De Certeau dice que los consumidores ponen una impronta propia a lo que consumen. ¿La velocidad actual evitará imprimir esa marca propia?
La temporalidad de una situación no depende de la sucesión de momentos sino del modo en que se configuran sus elementos. El tiempo pasa de diferentes modos, tallando la subjetividad de modos diversos. Quizá lo que tratamos de nombrar como crisis es el efecto de no poder ver el tiempo pasar, vivir en un presente sin lazos con los otros que te marquen una temporalidad compartida. Heidegger dice que el sentido es hacer pasar el tiempo; la pasividad en ese sentido se llama aburrimiento. Para eso se han inventado los pasatiempos, los modos artificiales que intentan corrernos de esa escisión entre el pasar del tiempo y nuestro poder.
domingo, 13 de julio de 2008
XVIII - Más sobre la confusión
¿Cómo pensaríamos la confusión como modo subjetivo de época? ¿Encuentros de elementos de naturaleza diversa sin parámetros comunes para encontrarse? Pero tal vez podríamos hacernos una pregunta lógicamente anterior, que es a qué llamamos padecimiento. ¿Se puede pensar en términos de padecimiento por disolución? ¿O acaso podemos ver un padecimiento a causa de una imposibilidad nuestra de percibir un régimen de subjetividades regido por parámetros que se nos escapan?
XVII - Demasiado flujo
Hoy parecería haber una especie de flujo de sensaciones que desborda la capacidad subjetiva de articulación de ese flujo y produce confusión. Pero, ¿a qué llamamos “flujo de sensaciones”? ¿Los reales del sentir? En castellano, “sentir” reúne al sentimiento y a la sensación. ¿La imagen puede estar por fuera de la sensación? ¿Las imágenes tienen autonomía de las sensaciones? ¿Cómo fluctúa el lugar de la dimensión sensoria en la experiencia?
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XVII - ¿Qué es la confusión?
¿Qué es la duda, qué la confusión? Hoy se recetan antipsicóticos a personas que tal vez lo que están es confundidas. Duda el neurótico y se confunde el esquizo. El flujo de las sensaciones no hace dudar; confunde.
En una psicopatología contemporánea, acaso llamemos neurótico al efecto de exposición a la hiperestimulación del mundo actual. Según los recursos que uno tenga para ordenar toda esa estimulación, se arma algo o domina la confusión; los ataques psicóticos serían esa imposibilidad de armar un relato que explique la situación en que se existe.
Hay una idea clásica que es la de lo sublime. Lo sublime es cuando uno se enfrenta a algo inconmensurable. En algún momento eso era una tormenta, una montaña; se generan en vos sensaciones tan fuertes que no hay cómo organizarlas; se produce un desborde. ¿Hay algo parecido a eso hoy, de tener medidas finitas para estímulos enormes? Lo sublime sería el encuentro de una sensibilidad con un infinito. ¿Está lo sublime disperso en todo el medio, generalizando así la perplejidad?
Hoy hay un desborde que ya no es posible pensar como déficit de una estructura. La estructura psíquica, por supuesto, no tiene ninguna consistencia natural. Por ende, podemos pensar los dilemas de la sociabilidad más allá de una supuesta ley que organiza el aparato psíquico a partir de la cual hay ciertas patologías y normalidades. No hay consistencia natural; pero todo el tiempo constatamos consistencias e inconsistencias. Cuando Ignacio Lewkowicz hablaba de la caída del Estado se refería a la caída de la ley simbólica. El problema es que sigue habiendo psicología, Estado, como si la ley todavía estuviera ahí. Pero lo que organizaba una racionalidad integral de todo, eso es lo que desapareció. Entonces, ¿cómo se piensan los signos de sociabilidad sin acudir a disfuncionalidades de estructura? Acaso no haya independencia de las configuraciones psíquicas con respecto al flujo de sensaciones. No es que la subjetividad recibe el exceso de información y la organiza o no, sino que si se regula de cierto modo el contacto con ese exceso, se arma una subjetividad. Y el tiempo sería una dimensión clave para esa regulación, para tramar en un relato las múltiples sensaciones que atraviesan. ¿Tiempo como ralentización? El tiempo regularía la velocidad, ¿habría otra cosa que regula la cantidad, y discrimina relevancia?
En una psicopatología contemporánea, acaso llamemos neurótico al efecto de exposición a la hiperestimulación del mundo actual. Según los recursos que uno tenga para ordenar toda esa estimulación, se arma algo o domina la confusión; los ataques psicóticos serían esa imposibilidad de armar un relato que explique la situación en que se existe.
Hay una idea clásica que es la de lo sublime. Lo sublime es cuando uno se enfrenta a algo inconmensurable. En algún momento eso era una tormenta, una montaña; se generan en vos sensaciones tan fuertes que no hay cómo organizarlas; se produce un desborde. ¿Hay algo parecido a eso hoy, de tener medidas finitas para estímulos enormes? Lo sublime sería el encuentro de una sensibilidad con un infinito. ¿Está lo sublime disperso en todo el medio, generalizando así la perplejidad?
Hoy hay un desborde que ya no es posible pensar como déficit de una estructura. La estructura psíquica, por supuesto, no tiene ninguna consistencia natural. Por ende, podemos pensar los dilemas de la sociabilidad más allá de una supuesta ley que organiza el aparato psíquico a partir de la cual hay ciertas patologías y normalidades. No hay consistencia natural; pero todo el tiempo constatamos consistencias e inconsistencias. Cuando Ignacio Lewkowicz hablaba de la caída del Estado se refería a la caída de la ley simbólica. El problema es que sigue habiendo psicología, Estado, como si la ley todavía estuviera ahí. Pero lo que organizaba una racionalidad integral de todo, eso es lo que desapareció. Entonces, ¿cómo se piensan los signos de sociabilidad sin acudir a disfuncionalidades de estructura? Acaso no haya independencia de las configuraciones psíquicas con respecto al flujo de sensaciones. No es que la subjetividad recibe el exceso de información y la organiza o no, sino que si se regula de cierto modo el contacto con ese exceso, se arma una subjetividad. Y el tiempo sería una dimensión clave para esa regulación, para tramar en un relato las múltiples sensaciones que atraviesan. ¿Tiempo como ralentización? El tiempo regularía la velocidad, ¿habría otra cosa que regula la cantidad, y discrimina relevancia?
XVII - Código y bombas de calor
La idea de anomalía no se refiere a anormalidad. Lo anómalo no es un desvío con respecto a la norma: es un singular. Es simplemente algo con la suficiente vitalidad para existir, que se regla según sus fuerzas. O sea, es lo que se escapa del dilema de lo normal-anormal.
Todo puede estar en el código y todo puede no estar en el código. El código es lo que arma la compatibilidad; lo que no está en código no tiene una apertura permanente hacia los otros. Es un problema de cada uno volverse compatible en el código.
Hacer crecer una anomalía sería que esa incompatibilidad no te arruine. Bifo señala la depresión como destino de los incompatibilizados. El código es material de encuentro, con compatibilización; encuentro sometido al código. Bifo utiliza este concepto de modo ambiguo: por un lado es negativo, en el sentido de que hay una trascendencia que te organiza, y por otro, positivo porque es el único lugar donde nos podemos encontrar.
Bifo se pregunta, entonces, ¿cómo hacer para pasar por la red, con su frialdad dada por todo lo que hay que retirar de la propia singularidad en pos de la compatibilización, cómo hacer para pasar por ahí “bombas de calor”?
El punto es que el código nunca dice nada. Para decir algo hay que forzar el código. Hablar es forzar el código hasta que logre pasar por ahí algo que es de la singularidad de alguien. Retorcerlo hasta que pueda actualizar un montón de virtuales.
Todo puede estar en el código y todo puede no estar en el código. El código es lo que arma la compatibilidad; lo que no está en código no tiene una apertura permanente hacia los otros. Es un problema de cada uno volverse compatible en el código.
Hacer crecer una anomalía sería que esa incompatibilidad no te arruine. Bifo señala la depresión como destino de los incompatibilizados. El código es material de encuentro, con compatibilización; encuentro sometido al código. Bifo utiliza este concepto de modo ambiguo: por un lado es negativo, en el sentido de que hay una trascendencia que te organiza, y por otro, positivo porque es el único lugar donde nos podemos encontrar.
Bifo se pregunta, entonces, ¿cómo hacer para pasar por la red, con su frialdad dada por todo lo que hay que retirar de la propia singularidad en pos de la compatibilización, cómo hacer para pasar por ahí “bombas de calor”?
El punto es que el código nunca dice nada. Para decir algo hay que forzar el código. Hablar es forzar el código hasta que logre pasar por ahí algo que es de la singularidad de alguien. Retorcerlo hasta que pueda actualizar un montón de virtuales.
XVII - ¿Por qué se produce confusión?
En el texto “Patologías de la hiperexpresión”, Bifo habla de la autonomización de los signos respecto a los referentes. Y hay algo de esta confusión que, según la intensidad con que se dé, impide armar lectura del mundo.
Ahora bien, si la confusión es porque se desvincularon los signos de los referentes, estamos en un terreno antiguo; esa disociación le tocó a una generación atrás. La confusión actual parece ser el efecto de un exceso. Si esto es así, podría operar una terapéutica de la selección y de la lentitud. Aunque también la confusión podría producirse por efecto de la captura muy fuerte del código por parte de ciertas máquinas de modulación, que impiden un encuentro con los signos sensibles. Ahí estamos en otro terreno.
Hay muchas formas de pensar la confusión. Aunque todas tengan que ver con los signos, no son todas iguales. La confusión sería un gran síntoma de época, pero habría que identifica las líneas de constitución de ese “síntoma”.
Más allá de esto, la cierto es que estallado el código, en el momento en que se puede elaborar una lectura del mundo, a la vez está realizándose una lectura de uno; leer el mundo es enhebrar una subjetividad capaz de habitarlo.
Ahora bien, si la confusión es porque se desvincularon los signos de los referentes, estamos en un terreno antiguo; esa disociación le tocó a una generación atrás. La confusión actual parece ser el efecto de un exceso. Si esto es así, podría operar una terapéutica de la selección y de la lentitud. Aunque también la confusión podría producirse por efecto de la captura muy fuerte del código por parte de ciertas máquinas de modulación, que impiden un encuentro con los signos sensibles. Ahí estamos en otro terreno.
Hay muchas formas de pensar la confusión. Aunque todas tengan que ver con los signos, no son todas iguales. La confusión sería un gran síntoma de época, pero habría que identifica las líneas de constitución de ese “síntoma”.
Más allá de esto, la cierto es que estallado el código, en el momento en que se puede elaborar una lectura del mundo, a la vez está realizándose una lectura de uno; leer el mundo es enhebrar una subjetividad capaz de habitarlo.
XVI - Bifo, generación post-alfa
Para Bifo, “la sensibilidad es la facultad de comprender los signos que no pueden ser verbalizados, es decir, codificados de manera regular, verbal, digital”. La comprensión sería una suerte de lectura, sólo que como son signos no codificados, ese tipo de lectura no es lo que habitualmente llamamos lectura, porque no depende de disponer el código. Se leen signos, se perciben cosas del exterior, pero no se lo hace del modo habitual: la sensibilidad es una lectura fuera de código. Cuando la realidad se reduce a la comprensión del código, se produce una insensibilización.
Puede que hoy estemos ante un código que se vuelve trascendente y en ese movimiento insensibiliza. La reducción al signo código en la era de las tecnologías digitales, da como resultado un tipo de subjetividad que Bifo llama generación post-alfa.Los signos codificados irían de la palabra al signo virtual. Para Bifo, la diferencia entre ambos tipos de comprensión está dada por una cierta relación con el tiempo. Sea en la situación de lo post alfa donde esas dos facultades quedan escindidas, sea en un proceso de subjetivación que pueda recuperar dimensiones de experiencia, ambas comprensiones se acercan o disyuntan según relaciones con el tiempo.
Puede que hoy estemos ante un código que se vuelve trascendente y en ese movimiento insensibiliza. La reducción al signo código en la era de las tecnologías digitales, da como resultado un tipo de subjetividad que Bifo llama generación post-alfa.Los signos codificados irían de la palabra al signo virtual. Para Bifo, la diferencia entre ambos tipos de comprensión está dada por una cierta relación con el tiempo. Sea en la situación de lo post alfa donde esas dos facultades quedan escindidas, sea en un proceso de subjetivación que pueda recuperar dimensiones de experiencia, ambas comprensiones se acercan o disyuntan según relaciones con el tiempo.
XVI - Insensibilización
Las generaciones post-alfa aprendieron un código directamente de una máquina, y por tanto tienen ultra desarrollado el manejo de ese código, e infra desarrollada la comprensión de signos no codificados, de todo un mundo que solamente es accesible a nosotros cuando le dedicamos un tiempo de atención, un tiempo de contacto x. Ese infra desarrollo, esa fragilidad, hace que los cuerpos entre sí sean torpes, brutales, insensibles. Esto nos da una clave para interpretar situaciones como la sexualidad y la violencia en el mundo actual.
Hoy parece que las técnicas, los procedimientos y los modos afectivos en que la generación previa aprendía a gozar de sí mismo con los otros, estuviera saturada. Entonces hay mucho sexo pero no hay cómo gozar de eso. Hay mucha tortura pero ya no como un procedimiento basado en el mapeo de los puntos de goce y dolor del cuerpo para planificar el abordaje al cuerpo. Hay una insensibilidad que no es no sentir cosas sino una alineación con respecto a la continuidad que todos nosotros podemos trazar entre nuestro cuerpo y el de los otros.
Hoy parece que las técnicas, los procedimientos y los modos afectivos en que la generación previa aprendía a gozar de sí mismo con los otros, estuviera saturada. Entonces hay mucho sexo pero no hay cómo gozar de eso. Hay mucha tortura pero ya no como un procedimiento basado en el mapeo de los puntos de goce y dolor del cuerpo para planificar el abordaje al cuerpo. Hay una insensibilidad que no es no sentir cosas sino una alineación con respecto a la continuidad que todos nosotros podemos trazar entre nuestro cuerpo y el de los otros.
XVI - Lectura de signos no codificados
Los signos no codificados a los que la sensibilidad accede son los que tienen que ver con el contacto entre cuerpos. La posibilidad de actuar en sociedad está dada en última instancia por la experiencia de que nuestro cuerpo se prolonga en el cuerpo de los demás de manera tal que podemos sentir lo que el otro siente. Ergo, la sensibilidad es la capacidad de sentir los sentimientos de los otros.
Si la vida es emisión de signos, no hay vida que no tenga en primera instancia la exigencia de ser leída. El desconocimiento de la emisión de signos es una de las violencias fundamentales que puede recibir una vida. El problema hoy, según Bifo, es que todos cada vez más nos entrenamos como lectores de signos codificados y nos hacemos más torpes para este otro tipo de comprensión.
Tanto la pornografía como la tortura, para Bifo, son consecuencia de una especie de corte entre el cuerpo propio y el de los demás; insensibilización. Perdida la sensación de continuidad, prolongación entre los cuerpos, es posible tomar distancia del sufrimiento y del placer del cuerpo de los otros.
La pornografía sería una tendencia a buscar en el cuerpo del otro una clave para conocerse que se frustra en signos codificados. Se frustra porque no llega a haber una atención sensible entre los cuerpos, ya que se ve contaminado por imágenes y consumos. Habría hoy un hipersexualismo desensibilizado. No es un mundo con menos sexo, pero sí con menos goce ligado al sexo. Y ya nada me conmueve, ni los tiroteos de nuestros amantes.
No es, por supuesto, que la sensibilidad sea bondad; es una capacidad sin valoración moral. Pero no es lo mismo una situación de violencia en una atmósfera erotizada o erotizable, que en una donde hay un repliegue del erotismo.
Si la vida es emisión de signos, no hay vida que no tenga en primera instancia la exigencia de ser leída. El desconocimiento de la emisión de signos es una de las violencias fundamentales que puede recibir una vida. El problema hoy, según Bifo, es que todos cada vez más nos entrenamos como lectores de signos codificados y nos hacemos más torpes para este otro tipo de comprensión.
Tanto la pornografía como la tortura, para Bifo, son consecuencia de una especie de corte entre el cuerpo propio y el de los demás; insensibilización. Perdida la sensación de continuidad, prolongación entre los cuerpos, es posible tomar distancia del sufrimiento y del placer del cuerpo de los otros.
La pornografía sería una tendencia a buscar en el cuerpo del otro una clave para conocerse que se frustra en signos codificados. Se frustra porque no llega a haber una atención sensible entre los cuerpos, ya que se ve contaminado por imágenes y consumos. Habría hoy un hipersexualismo desensibilizado. No es un mundo con menos sexo, pero sí con menos goce ligado al sexo. Y ya nada me conmueve, ni los tiroteos de nuestros amantes.
No es, por supuesto, que la sensibilidad sea bondad; es una capacidad sin valoración moral. Pero no es lo mismo una situación de violencia en una atmósfera erotizada o erotizable, que en una donde hay un repliegue del erotismo.
XVI - Código y experiencia
Todo lo que experimentamos y podemos decir, es codificable. Todo lo que no entra en la palabra, sin embargo no deja de ser signo y parte de la experiencia. Nosotros operamos con una información mucho más grande que la que podemos pasar a palabra. Ahora bien, una cosa es que la experiencia hable y otra un hablar separado de la experiencia. No es lo mismo que el sexo hable que hablar de sexo.
La atención es según Bifo la conciencia clara del objeto mental. En la economía capitalista el tiempo se vuelve bien escaso por demasía de estímulos. Ninguna empresa venderá nada si no logra que le presten atención. Lo post alfa sería el tiempo consumido por el código. No queda tiempo para la experiencia no codificada.
(Tal vez esto nos permita entender el énfasis del discurso mediático: en ese segundo que tienen, son categóricos, totalitaristas). La insensibilización es conciencia sin sentir. Todo lo que pasa a nivel de lo puramente virtual es de una conexión tan perfecta que cada vez aleja más de la experiencia real.
La atención es según Bifo la conciencia clara del objeto mental. En la economía capitalista el tiempo se vuelve bien escaso por demasía de estímulos. Ninguna empresa venderá nada si no logra que le presten atención. Lo post alfa sería el tiempo consumido por el código. No queda tiempo para la experiencia no codificada.
(Tal vez esto nos permita entender el énfasis del discurso mediático: en ese segundo que tienen, son categóricos, totalitaristas). La insensibilización es conciencia sin sentir. Todo lo que pasa a nivel de lo puramente virtual es de una conexión tan perfecta que cada vez aleja más de la experiencia real.
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XV - Segmentación post-ideológica
En una escuela de clase media de Capital se arma un encuentro con chicos bolivianos del Bajo Flores y se produce la siguiente escena: los pibes de la escuela daban por sentado que ellos eran el esquema del bueno vivir sin duda alguna, y que entonces los pibes del Bajo Flores tenían que asumir la distancia a la que estaban del modelo. ¿Hay allí una presencia no ideológica de las ideologías? En las palabras de estos pibes hay un sedimento de cómo se segmenta la sociedad. Tal vez hay valores de derecha que no necesitan un discurso consistente.
Hoy parecería que existe una especie de concepción guerrera del campo social generalizada. Entonces, cuando esos pibes dicen “negro de mierda”, ¿recurren a lo primero que tienen a mano en esa guerra? Y si es así, ¿esa disponibilidad dice algo respecto de qué se trata esa guerra? ¿Es completamente post-ideológica, en el sentido de que da lo mismo cualquier contenido usado para agredir, porque la guerra es una dinámica formal pura, o hay algo de las imágenes sociales que cada quien tiene, que sí tienen una ligazón con las operaciones de segmentación social?¿Qué está pasando a través de esos enunciados? Porque, por ejemplo, si alguien, en la situación que se armó entre los pibes en la escuela, hubiera parado la cosa y advertido: “che, acá está operando la discriminación”, todo el mundo hubiera dicho “nooooo, pará, no entendés lo que queremos decir”. Es evidente que la discusión puede pasar a un plano formal en el que estamos todos de acuerdo. Hay como un acumulado de discurso políticamente correcto que ya está incorporado. “No, le digo villero de onda”.
Hoy parecería que existe una especie de concepción guerrera del campo social generalizada. Entonces, cuando esos pibes dicen “negro de mierda”, ¿recurren a lo primero que tienen a mano en esa guerra? Y si es así, ¿esa disponibilidad dice algo respecto de qué se trata esa guerra? ¿Es completamente post-ideológica, en el sentido de que da lo mismo cualquier contenido usado para agredir, porque la guerra es una dinámica formal pura, o hay algo de las imágenes sociales que cada quien tiene, que sí tienen una ligazón con las operaciones de segmentación social?¿Qué está pasando a través de esos enunciados? Porque, por ejemplo, si alguien, en la situación que se armó entre los pibes en la escuela, hubiera parado la cosa y advertido: “che, acá está operando la discriminación”, todo el mundo hubiera dicho “nooooo, pará, no entendés lo que queremos decir”. Es evidente que la discusión puede pasar a un plano formal en el que estamos todos de acuerdo. Hay como un acumulado de discurso políticamente correcto que ya está incorporado. “No, le digo villero de onda”.
XV - Ideología post-ideológica
En una actividad barrial para chicos se arma la siguiente escena: los chicos de los distintos barrios son muy agresivos entre sí, pero cuando no está el enemigo de afuera, también se buscan enemigos de adentro, siempre hay uno o dos a los que hay que matar. Hay niveles de violencia profundísimos, y se asume la existencia de enemigos en todos lugares y momentos con gran naturalidad.
Pero pareciera que la agresividad no deviene de una puja entre ser obrero y ser menos que obrero, porque cuando no están los del otro barrio (uno más obrero y el otro más rural), se dan entre ellos. Pero al mismo tiempo, hay una conciencia total de los recursos de cada quién para atacarse. En una época post-ideológica, los enunciados para atacarse pueden ser ultra ideológicos.
Otra escena: entre los chicos de una escuela privada de la Capital existe un nivel de agresividad tremenda. El Director de la escuela plantea como hipótesis que los chicos tienen la misma habilidad de las grandes empresas para amedrentar a la competencia, bajarle su valor y al final adquirirla por monedas. Eso que sus padres sabrán hacer cotidianamente en el mercado, ellos lo hacen entre sí, sin inocencia. Pibes de ocho años hicieron una vaquita para pagarle a un compañero para que fajara a otro.Tanto en la escena de los barrios como en la escuela privada, hay estrategias para reventar al otro. Hay algo en común que puede darse en clases sociales y territorios y etnias distintas. Se nota la conciencia de los pibes de su poder simbólico social.
Pero pareciera que la agresividad no deviene de una puja entre ser obrero y ser menos que obrero, porque cuando no están los del otro barrio (uno más obrero y el otro más rural), se dan entre ellos. Pero al mismo tiempo, hay una conciencia total de los recursos de cada quién para atacarse. En una época post-ideológica, los enunciados para atacarse pueden ser ultra ideológicos.
Otra escena: entre los chicos de una escuela privada de la Capital existe un nivel de agresividad tremenda. El Director de la escuela plantea como hipótesis que los chicos tienen la misma habilidad de las grandes empresas para amedrentar a la competencia, bajarle su valor y al final adquirirla por monedas. Eso que sus padres sabrán hacer cotidianamente en el mercado, ellos lo hacen entre sí, sin inocencia. Pibes de ocho años hicieron una vaquita para pagarle a un compañero para que fajara a otro.Tanto en la escena de los barrios como en la escuela privada, hay estrategias para reventar al otro. Hay algo en común que puede darse en clases sociales y territorios y etnias distintas. Se nota la conciencia de los pibes de su poder simbólico social.
XV - Insensibilidad o sensibilidad asesina
En un primer año del secundario, una piba mata a piñas a otra mientras todo el curso festeja, alentando y filmando por celular. Los chicos “sólo querían ver sangre”. Uno podría ver ahí una insensibilidad, pero no hay indiferencia, al contrario, hay como un festejo en el daño. Una sensibilidad asesina. Por otra parte, el goce público por el sufrimiento ajeno tienen larga historia en occidente; las torturas eran fiestas populares. En el Antiguo Testamento, si algo se prohíbe es consumir la sangre del otro. Y hoy los pibes roban zapatillas y las manchan con la sangre de la víctima: nuevamente, es reventar a alguien sin indiferencia, hay una tensión y una atención a eso. ¿Tiene la violencia un valor de reproducción social? Un escritor español dice que en Estados Unidos la violencia es cada vez más el principal lazo entre la gente, que las personas chocan para poder después hablar. Acá, en argentina, la vinculación cotidiana también parece ser la violencia, la puteada.
Un antropólogo llamado Pierre Clastres decía que siempre existieron civilizaciones sin Estado. Sobre todo en las sociedades primitivas, eran sin Estado, pero no porque el Estado no se había inventado, sino porque eran comunidades que desarrollaban prácticas para evitar el Estado. Guerras para evitar estatización. Las guerras, entonces, no eran por riqueza, ni mujeres, ni prestigio, sino para evitar el monopolio de un poder significante. Eran guerras procedimentales. Deleuze y Guattari, al leer esta obra de Clastres plantearon que eso no es una historia de lo primitivo en lo humano, sino que jamás había dejado de pasar: una vez que el Estado tomaba pleno control del territorio, estas prácticas primitivas comenzaban a desarrollarse adentro, como bandas, grupos de pibes, grupos de narcos, barras bravas, etcétera. Son grupos que evitan jefes estables adentro. Es lo otro de toda ley, de toda centralización.
Esta sensación de estado de guerra generalizado, de conflictividad de contenido inentendible, en rigor evita un centro de significación general. Cuando no hay Estado, probablemente el mercado no sea la operatoria de un poder, pero sí un lugar donde se afirman poderes.
Un antropólogo llamado Pierre Clastres decía que siempre existieron civilizaciones sin Estado. Sobre todo en las sociedades primitivas, eran sin Estado, pero no porque el Estado no se había inventado, sino porque eran comunidades que desarrollaban prácticas para evitar el Estado. Guerras para evitar estatización. Las guerras, entonces, no eran por riqueza, ni mujeres, ni prestigio, sino para evitar el monopolio de un poder significante. Eran guerras procedimentales. Deleuze y Guattari, al leer esta obra de Clastres plantearon que eso no es una historia de lo primitivo en lo humano, sino que jamás había dejado de pasar: una vez que el Estado tomaba pleno control del territorio, estas prácticas primitivas comenzaban a desarrollarse adentro, como bandas, grupos de pibes, grupos de narcos, barras bravas, etcétera. Son grupos que evitan jefes estables adentro. Es lo otro de toda ley, de toda centralización.
Esta sensación de estado de guerra generalizado, de conflictividad de contenido inentendible, en rigor evita un centro de significación general. Cuando no hay Estado, probablemente el mercado no sea la operatoria de un poder, pero sí un lugar donde se afirman poderes.
XV - Mercado y jerarquización
Juan trabaja en un boliche, en sus palabras, de “relaciones públicas”: tiene que ir por la calle e invitar chicas lindas al ViP. La idea del boliche es que vaya gente buscando gente linda y que se vea que en el VIP hay gente linda; tal categoría comprende sólo cierto tipo de humano. Toleran en el VIP un negrito, un gordo, para que el resto, que está en la pista normal, pueda concebirlo como alcanzable. Cuando Juan lleva varias pibas lindas, lo felicitan. Jamás, por supuesto, se explicita qué es ser lindo; es evidente que apuestan a la interpretación espontánea de Juan por la calle. Parecería como si no hubiera un poder que diga quién sí y quién no, pero a la vez hay un poder operando allí.
Juan es un pibe que dice no poder organizarse para hacer nada. Pero el tipo del boliche leyó conveniencia en eso: necesito pibes como vos, que no sean capaces de hacer nada, y que los tres o cuatro grados de calentura que son capaces de sentir por mes, los muevan para traer chicas lindas al boliche, que a su vez traigan chicos con plata. Que estén los que tienen que estar. El mecanismo es increíble porque, por un lado, está todo desreglado pero, por otro, pasa lo contrario, hay una forma muy fuerte de asignar persona-valor-signo-territorio.
Las palabras tipo villero, gorda, puta, linda, etcétera, ¿son un puro significante producido por el mercado, un signo ideológico? El hecho de que estas palabras las organice el mercado, no las vacía de un contenido de jerarquización social. A veces corremos el riesgo de banalizar el hecho de que los padecimientos, los posicionamientos, las formas de valorización que se dan en el mercado son reproductoras de formas de jerarquización social. Que lo social hoy se produzca desde el mercado, no significa que no se produzca más social. ¿Por qué en una era tan posmoderna el racismo vuelve con tanta violencia? En cualquier barrio se dice negro, judío, chino, bolita, coreano con un desenfado peor que en la época del KKK. En aquella época había una estrategia conciente de marcar a alguien y después ir a buscarlo y reventarlo; hoy, la proliferación del racismo es brutalmente cruda. Hay una relación entre esa manera de significar y el lugar al que cada uno queda asignado. No es lo mismo decir hincha de Racing que boliviano. El uso del lenguaje para asignar a alguien como subordinado tiene hoy una potencia inédita. Hay un sitio imaginario del que se deducen las cosas que se dicen, de un magma de signos que no es creado en la situación, sino que está disponible en la situación: ideología post-ideológica. ¿Estética o ideológica?
Juan es un pibe que dice no poder organizarse para hacer nada. Pero el tipo del boliche leyó conveniencia en eso: necesito pibes como vos, que no sean capaces de hacer nada, y que los tres o cuatro grados de calentura que son capaces de sentir por mes, los muevan para traer chicas lindas al boliche, que a su vez traigan chicos con plata. Que estén los que tienen que estar. El mecanismo es increíble porque, por un lado, está todo desreglado pero, por otro, pasa lo contrario, hay una forma muy fuerte de asignar persona-valor-signo-territorio.
Las palabras tipo villero, gorda, puta, linda, etcétera, ¿son un puro significante producido por el mercado, un signo ideológico? El hecho de que estas palabras las organice el mercado, no las vacía de un contenido de jerarquización social. A veces corremos el riesgo de banalizar el hecho de que los padecimientos, los posicionamientos, las formas de valorización que se dan en el mercado son reproductoras de formas de jerarquización social. Que lo social hoy se produzca desde el mercado, no significa que no se produzca más social. ¿Por qué en una era tan posmoderna el racismo vuelve con tanta violencia? En cualquier barrio se dice negro, judío, chino, bolita, coreano con un desenfado peor que en la época del KKK. En aquella época había una estrategia conciente de marcar a alguien y después ir a buscarlo y reventarlo; hoy, la proliferación del racismo es brutalmente cruda. Hay una relación entre esa manera de significar y el lugar al que cada uno queda asignado. No es lo mismo decir hincha de Racing que boliviano. El uso del lenguaje para asignar a alguien como subordinado tiene hoy una potencia inédita. Hay un sitio imaginario del que se deducen las cosas que se dicen, de un magma de signos que no es creado en la situación, sino que está disponible en la situación: ideología post-ideológica. ¿Estética o ideológica?
XIV - Spinoza, las pasiones
Spinoza dice que el cuerpo es el lugar de las pasiones. Un cuerpo se define por ser una superficie atravesada por pasiones. Ahora bien, las pasiones no son sentimientos privados; tienen tanta relación con el medio como tiene un relámpago, y son tan susceptibles de ser pensadas como una recta y un punto. Las pasiones privadas pasan “adentro” pero no son algo interno. Son a la vez lo más interior de lo interno y lo más exterior de lo externo.
Cuando un cuerpo afecta mi cuerpo, algo en mí varía, y a eso que varía lo llamamos afecto. Un cuerpo es una realidad afectiva deseante, constantemente sometido al modo en que lo afectan otros cuerpos, sin tener a priori modo para estabilizarse. Visto a cierta distancia, el cuerpo no es el cuerpo de cada uno, sino ese enjambre de líneas que lo están conformando. Claro que uno puede ver cada cuerpo, pero también puede ver los lazos inmateriales con que los cuerpos están afectándose, es decir el modo en que están siendo. Cuando un cuerpo altera mi afectividad, en un primer momento mi cuerpo es pasivo al modo en que está siendo afectado. Eso se llama técnicamente pasión. Quedo pasivo respecto de algo exterior que me activa sin que llegue a entenderlo.
Un cuerpo es un acontecimiento, en tanto producto siempre abierto de singularidades capturándose. Ahora bien, el cuerpo en tanto realidad afectivo deseante, en tanto connatus –fuerza de perseverar en el ser– tiene una complejidad enorme. La complejidad del cuerpo humano reside en que es el tipo de cuerpo que de más maneras puede afectar y que de más maneras puede ser afectado. El connatus es oscilante. No se puede dejar voluntariamente de respirar ni de pensar: estas acciones serían los irreductibles del connatus del cuerpo y del pensamiento. Son el mínimo para decir que hay vida.
La fuerza del connatus está en constante variación según el modo en que las situaciones lo interpelan, y puede aumentar o disminuir, alegrarse o entristecerse. La tristeza es la presencia no elaborada de otra fuerza dentro de uno. La tristeza, a su vez, tiene muchas variedades: el odio, el miedo, la esperanza (o la espera), la melancolía, el arrepentimiento (el equivocarse dos veces). Lo mismo la alegría, tiene muchos modos de aumento; todo lo que sea aumento de la capacidad de obrar, es alegría. El problema es que nunca sabemos a priori qué provocará aumento o disminución en la capacidad de obrar.
Cuando hablamos de obrar, es inmediatamente en relación con otros cuerpos. Cuando tengo capacidad de obrar fuerte, yo mismo puedo generarme afecciones, encuentros virtuosos. ¿Qué son entonces las pasiones? Los afectos espontáneos que las afecciones de los cuerpos hacen sobre nosotros. No por ser pasivo algo me entristecerá; aún si no soy la causa del encuentro, puede alegrarme. Las pasiones no son ni buenas ni malas por naturaleza. Todo el tiempo somos pasivos ante las cosas que nos afectan. Sin embargo, tenemos muchas posibilidades de convertir el modo en que el mundo nos afecta en ocasión de obrar.
Cuando un cuerpo afecta mi cuerpo, algo en mí varía, y a eso que varía lo llamamos afecto. Un cuerpo es una realidad afectiva deseante, constantemente sometido al modo en que lo afectan otros cuerpos, sin tener a priori modo para estabilizarse. Visto a cierta distancia, el cuerpo no es el cuerpo de cada uno, sino ese enjambre de líneas que lo están conformando. Claro que uno puede ver cada cuerpo, pero también puede ver los lazos inmateriales con que los cuerpos están afectándose, es decir el modo en que están siendo. Cuando un cuerpo altera mi afectividad, en un primer momento mi cuerpo es pasivo al modo en que está siendo afectado. Eso se llama técnicamente pasión. Quedo pasivo respecto de algo exterior que me activa sin que llegue a entenderlo.
Un cuerpo es un acontecimiento, en tanto producto siempre abierto de singularidades capturándose. Ahora bien, el cuerpo en tanto realidad afectivo deseante, en tanto connatus –fuerza de perseverar en el ser– tiene una complejidad enorme. La complejidad del cuerpo humano reside en que es el tipo de cuerpo que de más maneras puede afectar y que de más maneras puede ser afectado. El connatus es oscilante. No se puede dejar voluntariamente de respirar ni de pensar: estas acciones serían los irreductibles del connatus del cuerpo y del pensamiento. Son el mínimo para decir que hay vida.
La fuerza del connatus está en constante variación según el modo en que las situaciones lo interpelan, y puede aumentar o disminuir, alegrarse o entristecerse. La tristeza es la presencia no elaborada de otra fuerza dentro de uno. La tristeza, a su vez, tiene muchas variedades: el odio, el miedo, la esperanza (o la espera), la melancolía, el arrepentimiento (el equivocarse dos veces). Lo mismo la alegría, tiene muchos modos de aumento; todo lo que sea aumento de la capacidad de obrar, es alegría. El problema es que nunca sabemos a priori qué provocará aumento o disminución en la capacidad de obrar.
Cuando hablamos de obrar, es inmediatamente en relación con otros cuerpos. Cuando tengo capacidad de obrar fuerte, yo mismo puedo generarme afecciones, encuentros virtuosos. ¿Qué son entonces las pasiones? Los afectos espontáneos que las afecciones de los cuerpos hacen sobre nosotros. No por ser pasivo algo me entristecerá; aún si no soy la causa del encuentro, puede alegrarme. Las pasiones no son ni buenas ni malas por naturaleza. Todo el tiempo somos pasivos ante las cosas que nos afectan. Sin embargo, tenemos muchas posibilidades de convertir el modo en que el mundo nos afecta en ocasión de obrar.
XIV - Sentido del acto
En la película argentina Sábado parecería que en los personajes no hay pasión. Pero si lo pensamos en el sentido spinoziano del término pasión, son sólo pasión, porque no procesan nada, todo lo que les pasa es porque “pintó”. Abulia de época. Se trata de encuentros azarosos, que se hacen y deshacen sin dejar ninguna marca. No es una fenomenología pura de la inmediatez de las sensaciones, sino un vacío de sentido; ni sentido trascendente ni juego inmanente de los sentidos. Una inmanencia estúpida o un nihilismo ingenuo, débil, que ni siquiera destruye. Son lo opuesto a Bartleby, el personaje de Herman Melvilla, que a todo contestaba “preferiría no hacerlo” (I rather not to).[1] Deleuze dice que la operación de Bartleby es una forma de deshacer la relación que hay entre las cosas, entre las palabras, y entre las palabras y las cosas. Bartleby es una especie de nihilista que a todo dice que no; Sábado, en cambio, mostraría un nihilismo débil, que a todo dice que sí pero como aceptación, sin afirmación, que no puede pensar ningún más allá de lo dado. Se podría pensar que no saben lo que quieren, o bien que no quieren nada.
A la modernidad corresponden frases con sentido, todo el mundo sabía quién era, dónde estaba y para qué, porque había un sentido otorgado y trabajado para cada uno que donaba rol. Llamamos a ese sentido trascendencia en cuanto no es elaboración propia. Para pensar el mundo contemporáneo, en cambio, aparece la fórmula praxis sin sentido. Pero ¿qué es una praxis sin sentido? ¿No será que cada uno de nosotros tiene una modernidad a medida, llamada proyecto personal, que de alguna manera proyecta un sentido, muy mínimo pero que alcanza para seguir, impidiendo que pensemos no un mero sinsentido sino una praxis sin sentido, es decir, que no tenga por motor algún tipo de finalismo?
Spinoza dice que el sentido, o el finalismo, es una ficción por la cual mi querer aparece como causa final. Hay un resultado que justifica al acto. Pero no hay nada “al final” que pueda dar sentido a la praxis salvo porque yo proyecté mi querer y lo puse como causa final. Es decir que todo lo que se ha llamado sentido han sido proyecciones idealistas del querer. ¿Qué sería una recuperación del querer que no sea proyectada como sentido, es decir que mi acto no se jusfitique por una causa final? En Sábado directamente hay incapacidad de causa final. La película contiene una hipótesis ultra extrema y ultra próxima; uno tal vez nunca estuvo en una situación así pero al mismo tiempo está cada dos por tres a un paso de caer ahí. ¿Es posible pensar en un tipo de praxis de existencia sin sentido final? En Sábado, donde pareciera haber praxis sin finalidad (porque tampoco sería lícito decir que allí hay nada de nada), el final repite la escena del principio, la misma, mismas personas en la misma situación, no hubo alteración. ¿Hay praxis si no hay ni mínimas alteraciones?
[1] El personaje trabaja en una oficina y un día decide dejar de hacer, a todo dice “preferiría no hacerlo”. No hace nada pero se queda a ahí. El jefe hasta decide dejarlo y mudar la oficina a otro edificio. Finalmente, el personaje termina muriendo.
A la modernidad corresponden frases con sentido, todo el mundo sabía quién era, dónde estaba y para qué, porque había un sentido otorgado y trabajado para cada uno que donaba rol. Llamamos a ese sentido trascendencia en cuanto no es elaboración propia. Para pensar el mundo contemporáneo, en cambio, aparece la fórmula praxis sin sentido. Pero ¿qué es una praxis sin sentido? ¿No será que cada uno de nosotros tiene una modernidad a medida, llamada proyecto personal, que de alguna manera proyecta un sentido, muy mínimo pero que alcanza para seguir, impidiendo que pensemos no un mero sinsentido sino una praxis sin sentido, es decir, que no tenga por motor algún tipo de finalismo?
Spinoza dice que el sentido, o el finalismo, es una ficción por la cual mi querer aparece como causa final. Hay un resultado que justifica al acto. Pero no hay nada “al final” que pueda dar sentido a la praxis salvo porque yo proyecté mi querer y lo puse como causa final. Es decir que todo lo que se ha llamado sentido han sido proyecciones idealistas del querer. ¿Qué sería una recuperación del querer que no sea proyectada como sentido, es decir que mi acto no se jusfitique por una causa final? En Sábado directamente hay incapacidad de causa final. La película contiene una hipótesis ultra extrema y ultra próxima; uno tal vez nunca estuvo en una situación así pero al mismo tiempo está cada dos por tres a un paso de caer ahí. ¿Es posible pensar en un tipo de praxis de existencia sin sentido final? En Sábado, donde pareciera haber praxis sin finalidad (porque tampoco sería lícito decir que allí hay nada de nada), el final repite la escena del principio, la misma, mismas personas en la misma situación, no hubo alteración. ¿Hay praxis si no hay ni mínimas alteraciones?
[1] El personaje trabaja en una oficina y un día decide dejar de hacer, a todo dice “preferiría no hacerlo”. No hace nada pero se queda a ahí. El jefe hasta decide dejarlo y mudar la oficina a otro edificio. Finalmente, el personaje termina muriendo.
XIV - ¿A qué podemos llamar situación?
Acaso para haber situación tiene que haber una mínima coordinación de percepciones. Un mínimo: dos cuerpos se afectan. ¿Es necesario que haya afectos compartidos? ¿Es necesario que el encuentro les produzca la misma sensación a ambos? Si estamos dando una vuelta en auto “juntos” pero cada uno tiene su cabeza en un universo distinto, ¿es una situación? Tal vez si dos cuerpos se afectan no es tan relevante cómo cada cuerpo toma autoconciencia de esa afección. Por ejemplo: vienen dos tipos caminando, casualmente al lado, cada uno pensando en otra cosa, caminan juntos diez metros y sin notarlo van acercándose porque está bueno el calorcito. Esa cosa que los afecta a los dos coordina el estado de los cuerpos, en un mínimo, y arma una temporalidad.
Pero, ¿es posible llamar a ese mínimo situación? La hipótesis es que para hablar de situación tiene que haber una sensibilidad coordinada. Quizá, a situaciones más complejas, como ésas en las que se producen ideas compartidas, se llegue por una intensificación de esa coordinación. Pero una situación no nace de un acto de conciencia, sino que habilita actos de conciencia, no es sólo producto de una operación sino que habilita operaciones. El cuerpo es afectividad y hay líneas moleculares, por lo que un olor que entra en mi cuerpo, aún sin que concientemente lo note, puede desencadenar un proceso que desemboque en que pueda resolver un gran problema que tenía. Desde esta perspectiva, por supuesto, casi podríamos decir que no hay “no situación”, pero esta idea nos permite pensar que nunca estamos en una nada de trabajo, en una nada de deseo.Cada uno de nosotros enfrenta una fragmentariedad presente con estrategias arbitrarias individuales, y cada vez que en esa pragmática tan caprichosa que es la vida de cada uno hay coordinación con otro, se abre un posible de situación. Ahí estamos en una definición más exigente. Entonces, hay situación cuando hay coordinación de sensaciones y virtualidad de ligadura. Cuando la presencia del otro altera alguna expectativa, se abre una posibilidad.
Pero, ¿es posible llamar a ese mínimo situación? La hipótesis es que para hablar de situación tiene que haber una sensibilidad coordinada. Quizá, a situaciones más complejas, como ésas en las que se producen ideas compartidas, se llegue por una intensificación de esa coordinación. Pero una situación no nace de un acto de conciencia, sino que habilita actos de conciencia, no es sólo producto de una operación sino que habilita operaciones. El cuerpo es afectividad y hay líneas moleculares, por lo que un olor que entra en mi cuerpo, aún sin que concientemente lo note, puede desencadenar un proceso que desemboque en que pueda resolver un gran problema que tenía. Desde esta perspectiva, por supuesto, casi podríamos decir que no hay “no situación”, pero esta idea nos permite pensar que nunca estamos en una nada de trabajo, en una nada de deseo.Cada uno de nosotros enfrenta una fragmentariedad presente con estrategias arbitrarias individuales, y cada vez que en esa pragmática tan caprichosa que es la vida de cada uno hay coordinación con otro, se abre un posible de situación. Ahí estamos en una definición más exigente. Entonces, hay situación cuando hay coordinación de sensaciones y virtualidad de ligadura. Cuando la presencia del otro altera alguna expectativa, se abre una posibilidad.
XIII - Ni bueno ni malo, utilidad como criterio
Lo colectivo no puede pasar a ser la caricatura de que “vos, vos y yo” nos juntamos y pasamos a ser el colectivo que nos afecta. Lo colectivo es un nivel muy complejo de la integración que supone todo acto, toda situación. No la voluntad de tener la bandita. Los otros no son una banalidad opcional, son parte de la definición de lo que soy yo ahora; cuando pienso en mí tengo que pensar en el conjunto de los seres presentes y pasados que me constituyen. Ahí se abre un yo ya colectivo. No hay instancia de individuos puros que pueda agregarse con otros (teoría liberal de la reunión). El otro me es útil en tanto me habilita a ir más allá de mí. Y aquí también operar una polaridad puede llegar a ser útil.
Ya somos colectivos. De lo que se trata, en todo caso, es de recuperar soberanía sobre esa trama. Una vía podría ser abrir líneas de relación explícita no establecidas, encuentros que desborden lo dado. Hay algo del vínculo con otro que da confianza para delimitar, uno mismo, los valores de la situación. Hay algo del vínculo con otro que permite pensar que lo que uno hace no es una locura.
Pero, ¿qué pasa cuando alguien cualquiera tira al mundo una iniciativa? Puede encontrar distintas cosas. Por ejemplo, aplauso. O encuentra una indiferencia total, nadie lo entiende. En un extremo, los aplausos inmediatos tal vez señalan que uno no introdujo nada nuevo en el mundo, que se obedeció absolutamente lo que se esperaba de uno, carne de redundancia. La indiferencia absoluta bien puede ser por falta de talento o por la radicalidad con que lo nuevo no halla lugar (como el artista que no está sometido a valores previos). Tal vez en el medio está el abucheo.
Ya somos colectivos. De lo que se trata, en todo caso, es de recuperar soberanía sobre esa trama. Una vía podría ser abrir líneas de relación explícita no establecidas, encuentros que desborden lo dado. Hay algo del vínculo con otro que da confianza para delimitar, uno mismo, los valores de la situación. Hay algo del vínculo con otro que permite pensar que lo que uno hace no es una locura.
Pero, ¿qué pasa cuando alguien cualquiera tira al mundo una iniciativa? Puede encontrar distintas cosas. Por ejemplo, aplauso. O encuentra una indiferencia total, nadie lo entiende. En un extremo, los aplausos inmediatos tal vez señalan que uno no introdujo nada nuevo en el mundo, que se obedeció absolutamente lo que se esperaba de uno, carne de redundancia. La indiferencia absoluta bien puede ser por falta de talento o por la radicalidad con que lo nuevo no halla lugar (como el artista que no está sometido a valores previos). Tal vez en el medio está el abucheo.
XIII - Lo colectivo
Lo colectivo no puede pasar a ser la caricatura de que “vos, vos y yo” nos juntamos y pasamos a ser el colectivo que nos afecta. Lo colectivo es un nivel muy complejo de la integración que supone todo acto, toda situación. No la voluntad de tener la bandita. Los otros no son una banalidad opcional, son parte de la definición de lo que soy yo ahora; cuando pienso en mí tengo que pensar en el conjunto de los seres presentes y pasados que me constituyen. Ahí se abre un yo ya colectivo. No hay instancia de individuos puros que pueda agregarse con otros (teoría liberal de la reunión). El otro me es útil en tanto me habilita a ir más allá de mí. Y aquí también operar una polaridad puede llegar a ser útil.
Ya somos colectivos. De lo que se trata, en todo caso, es de recuperar soberanía sobre esa trama. Una vía podría ser abrir líneas de relación explícita no establecidas, encuentros que desborden lo dado. Hay algo del vínculo con otro que da confianza para delimitar, uno mismo, los valores de la situación. Hay algo del vínculo con otro que permite pensar que lo que uno hace no es una locura.
Pero, ¿qué pasa cuando alguien cualquiera tira al mundo una iniciativa? Puede encontrar distintas cosas. Por ejemplo, aplauso. O encuentra una indiferencia total, nadie lo entiende. En un extremo, los aplausos inmediatos tal vez señalan que uno no introdujo nada nuevo en el mundo, que se obedeció absolutamente lo que se esperaba de uno, carne de redundancia. La indiferencia absoluta bien puede ser por falta de talento o por la radicalidad con que lo nuevo no halla lugar (como el artista que no está sometido a valores previos). Tal vez en el medio está el abucheo.
Ya somos colectivos. De lo que se trata, en todo caso, es de recuperar soberanía sobre esa trama. Una vía podría ser abrir líneas de relación explícita no establecidas, encuentros que desborden lo dado. Hay algo del vínculo con otro que da confianza para delimitar, uno mismo, los valores de la situación. Hay algo del vínculo con otro que permite pensar que lo que uno hace no es una locura.
Pero, ¿qué pasa cuando alguien cualquiera tira al mundo una iniciativa? Puede encontrar distintas cosas. Por ejemplo, aplauso. O encuentra una indiferencia total, nadie lo entiende. En un extremo, los aplausos inmediatos tal vez señalan que uno no introdujo nada nuevo en el mundo, que se obedeció absolutamente lo que se esperaba de uno, carne de redundancia. La indiferencia absoluta bien puede ser por falta de talento o por la radicalidad con que lo nuevo no halla lugar (como el artista que no está sometido a valores previos). Tal vez en el medio está el abucheo.
XIII - Bifo, recombinación arbitraria de fragmentos
En una escuela de González Catán había un curso que, digamos, no funcionaba. Los pibes mismos decían que no podían hacer cosas juntos. Ni se hablaban casi. Resulta ser que había pibes que paraban en distintas esquinas del barrio, y en la escuela nunca armaban relaciones que salieran de cada banda. Hasta que se empezó a plantear hablar de las esquinas. Es decir, en la situación escolar hubo que admitir que sus habitantes eran grupos determinados en otro lado.
Como dice Bifo, entre los fragmentos experienciales del mundo actual no sólo no hay jerarquías (por ejemplo entre escuela y esquina) sino que sobre todo no hay un protocolo a priori de recorrido compartido de los fragmentos. El modo en que alguien construye un modo de transcurrir por los fragmentos no tiene nada que ver con el de su vecino. La utilidad viene dada por una operación minúscula de cómo armamos fragmentos en medio de la dispersión de situaciones, y no podemos darnos a priori una idea ni si quiera mínima de la lógica con que los otros con quienes nos cruzamos hacen con las partes de su vida y cómo las acoplan entre sí. Todo lo que existe actualmente existe por una recombinación arbitraria de fragmentos; ése es el modo actual de existencia, según Bifo. Hemos pasado de un mundo que operaba pasando de totalización a totalización, con peleas por hegemonía, a uno que opera por recombinación. Pero Bifo llama recombinante tanto a la operatoria del capital como a la de la resistencia: la resistencia no puede estar por fuera de lo que intenta cambiar porque si no se convierte en pura moral. El proyecto personal podría pensarse como un modelo de organización de los fragmentos, pero en línea con el capital.
Como dice Bifo, entre los fragmentos experienciales del mundo actual no sólo no hay jerarquías (por ejemplo entre escuela y esquina) sino que sobre todo no hay un protocolo a priori de recorrido compartido de los fragmentos. El modo en que alguien construye un modo de transcurrir por los fragmentos no tiene nada que ver con el de su vecino. La utilidad viene dada por una operación minúscula de cómo armamos fragmentos en medio de la dispersión de situaciones, y no podemos darnos a priori una idea ni si quiera mínima de la lógica con que los otros con quienes nos cruzamos hacen con las partes de su vida y cómo las acoplan entre sí. Todo lo que existe actualmente existe por una recombinación arbitraria de fragmentos; ése es el modo actual de existencia, según Bifo. Hemos pasado de un mundo que operaba pasando de totalización a totalización, con peleas por hegemonía, a uno que opera por recombinación. Pero Bifo llama recombinante tanto a la operatoria del capital como a la de la resistencia: la resistencia no puede estar por fuera de lo que intenta cambiar porque si no se convierte en pura moral. El proyecto personal podría pensarse como un modelo de organización de los fragmentos, pero en línea con el capital.
XII - Bifo, desinvestimento social, proyecto personal
· Dos amigos hablan porque se generan un puente de sentido; el sentido no está dado. El sentido es una inversión libidinal, no en el sentido de dar vuelta sino de investir, de poner.
· Esquema con que piensa Bifo, habría un primer momento de desinvestimento general del campo social. Ese desinvestimento social se reinviste en el trabajo, pero como individual: en el proyecto personal. Luego esto inhibe la inversión deseante en vínculos heterogéneos constitutivos con otros.
· Origen de la depresión, según Bifo: el narcisismo se juega en el proyecto personal, pero hay un diferencial entre las expectativas puestas en eso y lo que vuelve. Frustración.Otra hipótesis sobre la depresión: acaso no se derive sólo de la frustración de los objetivos del proyecto personal, sino de su consecuente desvinculación con otros. No se deprime sólo el que no llega. Los vínculos constitutivos, supramercantiles, serían lo primero a lo que uno renuncia al volcarse a su proyecto personal.
· Esquema con que piensa Bifo, habría un primer momento de desinvestimento general del campo social. Ese desinvestimento social se reinviste en el trabajo, pero como individual: en el proyecto personal. Luego esto inhibe la inversión deseante en vínculos heterogéneos constitutivos con otros.
· Origen de la depresión, según Bifo: el narcisismo se juega en el proyecto personal, pero hay un diferencial entre las expectativas puestas en eso y lo que vuelve. Frustración.Otra hipótesis sobre la depresión: acaso no se derive sólo de la frustración de los objetivos del proyecto personal, sino de su consecuente desvinculación con otros. No se deprime sólo el que no llega. Los vínculos constitutivos, supramercantiles, serían lo primero a lo que uno renuncia al volcarse a su proyecto personal.
XII - Bifo a full
· Capitalismo recombinante, no genera trabajadores sino personas que están pensando todo el tiempo cómo engancharse. No genera obreros; para ser trabajador hoy hay que operar como empresario. Venderse. Lo que existe son fragmentos a componer, sin regla de composición. Cada uno debe ver cómo con los fragmentos que tiene, o que es, compone una vida.
· Dado que el sentido no existe, cualquier intento de explicar que sí hay algo queda bastante estúpido frente al depresivo. No se puede refutar la ausencia de sentido, a lo sumo invitar a producirlo.
· Bifo dice: hacerse una salud. La única riqueza real a la que puede aspirarse es el tiempo. Proyectos de liberación de tiempo serían el único corte a la carrera de la velocidad enloquecida. Tiempo liberado sería tiempo producido. Lo que te gusta se vacía de sentido en cuanto queda inscripto en el régimen de autoexplotación. Cuando “hacer lo que te gusta” se convierte en un mandato, una orden, el modo de su efectuación lo arruina
· Dado que el sentido no existe, cualquier intento de explicar que sí hay algo queda bastante estúpido frente al depresivo. No se puede refutar la ausencia de sentido, a lo sumo invitar a producirlo.
· Bifo dice: hacerse una salud. La única riqueza real a la que puede aspirarse es el tiempo. Proyectos de liberación de tiempo serían el único corte a la carrera de la velocidad enloquecida. Tiempo liberado sería tiempo producido. Lo que te gusta se vacía de sentido en cuanto queda inscripto en el régimen de autoexplotación. Cuando “hacer lo que te gusta” se convierte en un mandato, una orden, el modo de su efectuación lo arruina
XII - BIfo, salud del la política temporal
· La única política pensable hoy, dice Bifo, es una que tenga una dimensión de fondo terapéutica. Esa salud la vincula con apropiarse del tiempo. Pero no para el microemprendimiento ni el consumo, sino para indeterminar al otro. Sería liberar tiempo para habilitar la efectuación de virtuales. La indeterminación salva del deber ser.“Hay que leer todos los libros, pero nunca cuando se leen”. El último libro de Agamben lo voy a leer cuando no sea el último. El “tener que” impide interrogarse sobre cuál es la virtualidad de uno que está pidiendo una realización.
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XII - Proyecto personal, colectivo inconsciente
· El proyecto personal está totalmente volcado a los otros: los otros como expectativa y demanda, o consigna, o recurso. O sea, en cada acto laboral hay conexión con una gigantesca cadena de otros actos. El problema es qué principios regulan la cooperación.
· El otro tiene valor no meramente por ser otro, sino por ser una virtualidad inesperada, que te permite ir más allá de vos. Y lo que hace el proyecto personal es limitar los virtuales. Porque elige un camino y a partir de ahí todo se mide en función de su aprovechamiento, se pierden de vista todos los otros posibles. A lo que se renuncia con el proyecto personal es al tiempo de goce.
· Si la empresarialidad será un destino, al menos no ser empresario sólo de uno mismo. Y en todo caso la empresarialidad tiene que pensar su relación con el tiempo, con el desgaste, con el cansancio. Habría una serie de reglas del capital recombinante que retraduce todo proyecto en términos de autoexplotación.
Lo colectivo actualmente existe despersonalizado, sin registro de ser tal [sería ya no el inconsciente colectiov sino el colectivo inconsciente]
. El proyecto personal tal vez sea la inserción de uno en esa red de cooperación impersonalizada. Cambiar la orientación, recuperar la soberanía sobre un tramo de esa red: tarea política.
· El otro tiene valor no meramente por ser otro, sino por ser una virtualidad inesperada, que te permite ir más allá de vos. Y lo que hace el proyecto personal es limitar los virtuales. Porque elige un camino y a partir de ahí todo se mide en función de su aprovechamiento, se pierden de vista todos los otros posibles. A lo que se renuncia con el proyecto personal es al tiempo de goce.
· Si la empresarialidad será un destino, al menos no ser empresario sólo de uno mismo. Y en todo caso la empresarialidad tiene que pensar su relación con el tiempo, con el desgaste, con el cansancio. Habría una serie de reglas del capital recombinante que retraduce todo proyecto en términos de autoexplotación.
Lo colectivo actualmente existe despersonalizado, sin registro de ser tal [sería ya no el inconsciente colectiov sino el colectivo inconsciente]
. El proyecto personal tal vez sea la inserción de uno en esa red de cooperación impersonalizada. Cambiar la orientación, recuperar la soberanía sobre un tramo de esa red: tarea política.
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XI - Spinoza, elaboración de afecciones
· En Spinoza, el alma es mente, o mejor, el alma es una dimensión pensante. El alma sería el pensamiento (la imagen mental) que nosotros tenemos de nuestro cuerpo. Cuerpo y pensamiento no son dos cosas diferentes, son dos dimensiones de toda individualidad.
· La ligazón con otro es una operación, imprescindible para armar una imagen de sí mismo.
· Spinoza: el tiempo de elaboración de las afecciones es ultra relevante. Si el pensamiento no logra pensar los estímulos que recibe, padece. El infinito disuelve los parámetros. Todo es posible.“En la actualidad el deporte que más nos tiene que hacer pensar –decía Deleuze- es el surf”. Es el primer gran deporte en el que la energía no sale del propio cuerpo, sino que se trata de modular una energía que viene dada.
· La ligazón con otro es una operación, imprescindible para armar una imagen de sí mismo.
· Spinoza: el tiempo de elaboración de las afecciones es ultra relevante. Si el pensamiento no logra pensar los estímulos que recibe, padece. El infinito disuelve los parámetros. Todo es posible.“En la actualidad el deporte que más nos tiene que hacer pensar –decía Deleuze- es el surf”. Es el primer gran deporte en el que la energía no sale del propio cuerpo, sino que se trata de modular una energía que viene dada.
XI - Bifo, generación x contexto cognitivo
· Cuando no se entiende qué de lo actual me está desquiciando, el efecto automático es idealizar la tierra firme perdida, que pasa de “mala pero conocida” a ideal por nombrable, comprensible.
· Bifo: respecto de las generaciones, las multiplicidades humanas (así como se organizaban por clase en el pasado) se organizan hoy por contextos cognitivos. ¿Bajo qué matriz se formó tu mente?
· Hay tres operaciones sobre las personas que venimos mencionando: la consignación, la atención y la lectura. Los consignados, los atendidos, los leídos, son conjuntos flotantes, variables, o mejor, líneas vinculares del medio que se distribuyen de manera distinta en cada situación. Esas operaciones de ligazón son un aparato trascendente y podemos hacer una lectura donde ver su evolución en la historia; el Estado sería un modo de gestionarlas. Pareciera ser que la gestión ahora está en otros dispositivos. Peligroso es confundir esto con la nada; sigue habiendo una organización de la trascendencia. Pensar los modos en que somos atravesados y en que producimos mundo.
Inversión del panóptico: del estar todos en cualquier lado y constantemente observados, a estar todos mirando lo mismo. Hay cuatro o cinco cosas que hay que mirar para existir. No mirar Gran Hermano es ante todo alguien que se perdió el ochenta por ciento de oportunidades de hablarle a alguien. Como si la cosa se hubiera invertido: no estás dominado pero estás bajo responsabilidad tuya de gestionarte
· Bifo: respecto de las generaciones, las multiplicidades humanas (así como se organizaban por clase en el pasado) se organizan hoy por contextos cognitivos. ¿Bajo qué matriz se formó tu mente?
· Hay tres operaciones sobre las personas que venimos mencionando: la consignación, la atención y la lectura. Los consignados, los atendidos, los leídos, son conjuntos flotantes, variables, o mejor, líneas vinculares del medio que se distribuyen de manera distinta en cada situación. Esas operaciones de ligazón son un aparato trascendente y podemos hacer una lectura donde ver su evolución en la historia; el Estado sería un modo de gestionarlas. Pareciera ser que la gestión ahora está en otros dispositivos. Peligroso es confundir esto con la nada; sigue habiendo una organización de la trascendencia. Pensar los modos en que somos atravesados y en que producimos mundo.
Inversión del panóptico: del estar todos en cualquier lado y constantemente observados, a estar todos mirando lo mismo. Hay cuatro o cinco cosas que hay que mirar para existir. No mirar Gran Hermano es ante todo alguien que se perdió el ochenta por ciento de oportunidades de hablarle a alguien. Como si la cosa se hubiera invertido: no estás dominado pero estás bajo responsabilidad tuya de gestionarte
X - Afectos, materialidad de la subjetividad
· Los afectos organizan tanto la interrelación de ideas como la composición del cuerpo. Somos un modo de organización de afectos todo el tiempo alterado por otros afectos. La capacidad física de ser afectado determina una pensabilidad. Los afectos serían la materialidad de lo que nosotros veníamos llamando subjetividad.
· Las imágenes mentales pueden, al ingresar al pensamiento, alterar la relación del cuerpo consigo mismo, la estructura corporal. Nadie sabe qué puede el cuerpo, porque lo conocemos siempre bajo una cierta organización. Nos hacemos o no una nueva y propia organización corporal.
· La experimentación corporal incide en lo percibible.
· Hoy mi cuerpo no es informante. Todo lo que nos chupa como máquina no es menos relación con la naturaleza ni con el universo que todo lo demás. En el televisor no hay una pérdida del cuerpo humano, hay una relación del cuerpo humano con fuerzas virtuales con las que no nos habíamos relacionado hasta el momento.¿Cuál es la razón abstracta común a la organización de los afectos actual? El valor de cambio. Vos en cuanto cuerpo afectivo no valés, sólo lo haces en tanto intercambiable, cuantificable en relación con un equivalente general.
· Las imágenes mentales pueden, al ingresar al pensamiento, alterar la relación del cuerpo consigo mismo, la estructura corporal. Nadie sabe qué puede el cuerpo, porque lo conocemos siempre bajo una cierta organización. Nos hacemos o no una nueva y propia organización corporal.
· La experimentación corporal incide en lo percibible.
· Hoy mi cuerpo no es informante. Todo lo que nos chupa como máquina no es menos relación con la naturaleza ni con el universo que todo lo demás. En el televisor no hay una pérdida del cuerpo humano, hay una relación del cuerpo humano con fuerzas virtuales con las que no nos habíamos relacionado hasta el momento.¿Cuál es la razón abstracta común a la organización de los afectos actual? El valor de cambio. Vos en cuanto cuerpo afectivo no valés, sólo lo haces en tanto intercambiable, cuantificable en relación con un equivalente general.
X - Mercado infantilizador
· La realidad dominante es lo que la estructura trascendente te pone como realidad por sobre una realidad molecular todo el tiempo en construcción.
· Para el que está sujetado, el padecimiento indica cuál es el camino para pasar a la actividad.
· Las mitologías son racionalizaciones de las afectividades puestas en juego en la relación con la naturaleza.
· Spinoza: Infancia como lo que está en potencia. Si organiza en torno suyo encuentros virtuosos hay potencialidad de alegría, pero el problema de la infancia es que la organización de los encuentros viene de afuera.
· El mercado te devuelve todo el tiempo una situación de infancia. La infantilización plantea que vos no sos capaz de crear sino sólo de elegir entre cosas ya creadas. Evita que seas activo, que te pongas como causa. La creación es un forzamiento: obligamos a los otros a ligar, posicionarse, frente a algo que nadie esperaba. Cada vez que nuestro potencial creativo no encuentra aceptación en el mundo, vuelve como imposibilidad de crear. La frustración es la aceptación de que es mejor recibir una regla que experimentar cómo reglar.
· Para el que está sujetado, el padecimiento indica cuál es el camino para pasar a la actividad.
· Las mitologías son racionalizaciones de las afectividades puestas en juego en la relación con la naturaleza.
· Spinoza: Infancia como lo que está en potencia. Si organiza en torno suyo encuentros virtuosos hay potencialidad de alegría, pero el problema de la infancia es que la organización de los encuentros viene de afuera.
· El mercado te devuelve todo el tiempo una situación de infancia. La infantilización plantea que vos no sos capaz de crear sino sólo de elegir entre cosas ya creadas. Evita que seas activo, que te pongas como causa. La creación es un forzamiento: obligamos a los otros a ligar, posicionarse, frente a algo que nadie esperaba. Cada vez que nuestro potencial creativo no encuentra aceptación en el mundo, vuelve como imposibilidad de crear. La frustración es la aceptación de que es mejor recibir una regla que experimentar cómo reglar.
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IX - Bifo, generación postalfabética
· Crisis de las empresas .com: una alianza entre internet y la industria farmacológica para tener ultra productivos a los trabajadores de la red, al cognitariado.
· Generaciones post alfabéticas: ya no configuran el mundo por conjunción de realidades sino por conexión de realidades. Hay un pensamiento por conexión de imagen y una limitación en las operaciones alfabéticas. Menos en detenimiento y profundidad, más en desplazamiento.
· Mutación antropológica. Hoy la crianza de los cachorros humanos muchas veces es realizada por máquinas. Cuando el lenguaje no viene adquirido por las personas a partir de una relación afectiva con el cuerpo de la madre, la fragilidad psíquica de la generación postalfabética es tremenda.Los dispositivos postalfabéticos son también dispositivos vinculares. Hay algo de la pura conexión que se arruina en la presencia. Como si la presencia tuviera un exceso que a esta altura molesta. Como si la presencia del otro cada vez más pudiera ser regulada como amenazante.
· Generaciones post alfabéticas: ya no configuran el mundo por conjunción de realidades sino por conexión de realidades. Hay un pensamiento por conexión de imagen y una limitación en las operaciones alfabéticas. Menos en detenimiento y profundidad, más en desplazamiento.
· Mutación antropológica. Hoy la crianza de los cachorros humanos muchas veces es realizada por máquinas. Cuando el lenguaje no viene adquirido por las personas a partir de una relación afectiva con el cuerpo de la madre, la fragilidad psíquica de la generación postalfabética es tremenda.Los dispositivos postalfabéticos son también dispositivos vinculares. Hay algo de la pura conexión que se arruina en la presencia. Como si la presencia tuviera un exceso que a esta altura molesta. Como si la presencia del otro cada vez más pudiera ser regulada como amenazante.
IX - Bifo, traducción de las diferencias a un código
· Cultura puritana estadounidense, quedan todas las culturas pero sin el espesor de sus tradiciones. Internet: un lenguaje puro sin mediación afectiva. No sería una escritura, sino una codificación, un conjunto de procedimientos de digitalización.
· Digitalización: todas las diferencias del mundo entran en la traducción a un código. Todo lo que es formateable en ese código, ingresa. Hay nuevas instituciones: las de la traductibilidad al código. Convierten la experiencia humana a un formato purificado de afecto.
· Todo el trasfondo actual, es fruto de un proceso de construcción de realidad hecho por millones de cuerpos conectados. Esa imagen (de intemperie) borra la fase de que no hay realidad constituida sino en constitución, y que las operaciones de en constitución son las claves de época.
· Se fragmenta el tiempo vivido y se extraen fragmentos de código. Luego se los recombina o compatibiliza: se lo digitaliza.
· El mercado traduce todo lo vivo a código virtual puro (proliferación de diferencias sin capacidad de aparecer en su real heterogeneidad). Todo, en la TV. Todo se compra con tu tarjeta. Todo tiene valor de cambio. Nada queda afuera por principio. Incluye la diferencia en un espacio en el cual ella misma ingresa pero sin potencia alguna de singularidad.
· Digitalización: todas las diferencias del mundo entran en la traducción a un código. Todo lo que es formateable en ese código, ingresa. Hay nuevas instituciones: las de la traductibilidad al código. Convierten la experiencia humana a un formato purificado de afecto.
· Todo el trasfondo actual, es fruto de un proceso de construcción de realidad hecho por millones de cuerpos conectados. Esa imagen (de intemperie) borra la fase de que no hay realidad constituida sino en constitución, y que las operaciones de en constitución son las claves de época.
· Se fragmenta el tiempo vivido y se extraen fragmentos de código. Luego se los recombina o compatibiliza: se lo digitaliza.
· El mercado traduce todo lo vivo a código virtual puro (proliferación de diferencias sin capacidad de aparecer en su real heterogeneidad). Todo, en la TV. Todo se compra con tu tarjeta. Todo tiene valor de cambio. Nada queda afuera por principio. Incluye la diferencia en un espacio en el cual ella misma ingresa pero sin potencia alguna de singularidad.
IX - Capital recombinante - Trabajo contemporáneo
· La red no incorpora personas, incorpora momentos. Biffo llama a esto capital recombinante: lo que incorpora son ciertas ideas, ciertos gestos, ciertas capacidades comunicativas. La idea de Biffo es que en esta sociedad nueva el trabajo ocupa el lugar del narcisimo: es el momento en que podés constatar tu existencia.
VIII - Mileuristas, segmentación social
· Los mileuristas: A partir de mil euros de ingreso mensual, en blanco, el sistema mercantil y financiero te considera incluido. Los horizontes de expectativas se cierran en los límites de esa inclusión. Al mismo tiempo la plétora mercantil satura, y muchos sectores mantienen una especie de resistencia constante a su lógica. La segmentación opera en fluidez. Toni Negri decía que los campos de concentración del siglo veinte prepararon algo del modo de distribuir a las poblaciones en el espacio, el tiempo y en el acceso a los recursos en las ciudades actuales. Comenzando el milenio hubo en Argentina una desobediencia bastante masiva a la asignación jerárquica de los segmentos sociales, desobediencia que hizo conocida a Argentina como país con saber social; ahora pareciera que ese saber de la resistencia a la biopolítica se convierte linealmente en biopolítica en la ciudad-campo. Todo exceso es inmediatamente axiomatizable, el cambio de signo pasa a ser parte de un proceso de consumo en vidas ajenas.
VIII - Consumo de pobreza y de la ayuda social
· Si la lógica mercantil primermundista empuja a siempre querer más y querer otras cosas, siempre distinto, tal vez estos viajes que se piensan como escapes a la sociedad de consumo sean en realidad su consecución coherente extrema: vienen a buscar lo único que allá no pueden consumir, pobreza extrema en vivo. Si la globalización implica el agotamiento de los sitios inexplorados del mundo, el aburrimiento primermundista tendrá sucesivos hastíos que llevarán a sus individuos más inquietos a distintos lugares.
· Aquello que genera dinámicas que exceden la lógica mercantil es precisamente lo que le da potencia mercantil. Todo lo que se inventó en Argentina durante la crisis en términos de trabajo social, rápidamente puede ser convertido en mercancía. Todo lo que aparece como exceso vital respecto de lo que propone el capitalismo es inmediatamente engullido. Si el mercado lee las necesidades y las transforma en mercancías, aquí estaría leyendo la necesidad de una creencia ideológica, la necesidad de una vida activa en algún sentido. En el momento en que propone turismo social está leyendo una necesidad de experiencias que excedan la dinámica del capital.
· Aquello que genera dinámicas que exceden la lógica mercantil es precisamente lo que le da potencia mercantil. Todo lo que se inventó en Argentina durante la crisis en términos de trabajo social, rápidamente puede ser convertido en mercancía. Todo lo que aparece como exceso vital respecto de lo que propone el capitalismo es inmediatamente engullido. Si el mercado lee las necesidades y las transforma en mercancías, aquí estaría leyendo la necesidad de una creencia ideológica, la necesidad de una vida activa en algún sentido. En el momento en que propone turismo social está leyendo una necesidad de experiencias que excedan la dinámica del capital.
VIII - Deseo entramado situacionalmente
Cuando el querer de un punto que produce ligado a ciertas fuerzas del mundo, es puesto en otro entramado, ahora su práctica, aunque con las mismas ideas y operaciones, está motorizada no por un querer depositado en otro lado, sino por un querer que es del entramado actual de existencia de la práctica.
Ninguna cosa se da por fuera de una situación. Uno decide cómo ser afectado por las fuerzas que lo atraviesan; habría una suerte de fuerza llamada yo o connatus que sólo se despierta en una cierta relación con las cosas del mundo. El yo pensante es un punto de llegada; hay que estar a la altura del despliegue de las propias potencias.
Ninguna cosa se da por fuera de una situación. Uno decide cómo ser afectado por las fuerzas que lo atraviesan; habría una suerte de fuerza llamada yo o connatus que sólo se despierta en una cierta relación con las cosas del mundo. El yo pensante es un punto de llegada; hay que estar a la altura del despliegue de las propias potencias.
VII - Infantilización
Organizaciones como Mc Donalds podría ser visto como la renuncia a la posibilidad de ocuparse uno mismo de realizar un paso de construcción de condiciones de existencia, y la concesión a la empresa del armado de dichas condiciones. Allí la infantilización solucionaría una vida que no puede armarse su adultez.
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VII - Esquema subjetivo de Spinoza - Cuerpo verificador
Esquema subjetivo de Spinoza: políticas del encuentro
· Spinoza plantea un esquema de la subjetividad en La Etica. Si cuando el mundo me afecta puedo elaborarlo inmediatamente en imágenes e ideas sobre mí lugar en el mundo que me permiten actuar, tengo una vida alegre, pero si la afección me hace producir ideas con las que no puedo operar, estoy triste, quedo amarrado a ciertas presencias que me desgastan. Todos estamos sometidos a políticas de encuentro.
· Si algo me hace mal y logro alejarme de eso, tengo la posibilidad de construir una idea activa sobre qué es lo que me hace mal de eso, y esa idea tal vez permita construir un re-encuentro, mejor elaborado, con eso. La pura huida genera una ignorancia respecto de lo que nos hizo mal, no enriquece los recursos para enfrentarlo; la huida que puede ser pensada como un acto es la que genera una inteligencia, la que abre un ápice de lucidez para reglar el encuentro de otro modo.
· Nadie puede decirte qué te hace bien o mal. Cada uno es su propio verificador.
· Hay un segundo momento donde uno tiene un nivel de composición con el mundo tal que le permite procesar qué es lo que le hace bien de lo que le hace bien y qué le hace mal de lo que le hace mal, y construir espacios desde ahí. Esos son los espacios donde uno es más inteligente, porque no tiene que gastar un gramo de energía en resistir estímulos desgastantes.
· Spinoza plantea un esquema de la subjetividad en La Etica. Si cuando el mundo me afecta puedo elaborarlo inmediatamente en imágenes e ideas sobre mí lugar en el mundo que me permiten actuar, tengo una vida alegre, pero si la afección me hace producir ideas con las que no puedo operar, estoy triste, quedo amarrado a ciertas presencias que me desgastan. Todos estamos sometidos a políticas de encuentro.
· Si algo me hace mal y logro alejarme de eso, tengo la posibilidad de construir una idea activa sobre qué es lo que me hace mal de eso, y esa idea tal vez permita construir un re-encuentro, mejor elaborado, con eso. La pura huida genera una ignorancia respecto de lo que nos hizo mal, no enriquece los recursos para enfrentarlo; la huida que puede ser pensada como un acto es la que genera una inteligencia, la que abre un ápice de lucidez para reglar el encuentro de otro modo.
· Nadie puede decirte qué te hace bien o mal. Cada uno es su propio verificador.
· Hay un segundo momento donde uno tiene un nivel de composición con el mundo tal que le permite procesar qué es lo que le hace bien de lo que le hace bien y qué le hace mal de lo que le hace mal, y construir espacios desde ahí. Esos son los espacios donde uno es más inteligente, porque no tiene que gastar un gramo de energía en resistir estímulos desgastantes.
VII - Lleno y vacío, fobia y anorexia
· Fobias productivas: te informan que algo no va. La fobia podría tener una deriva patológica y una deriva de alarma que habilita una gestión de la salud.
· Mecanismos ligados al modo en que se nos presentan los otros. Dos modos de la soledad: Como padecimiento, el miedo a qué pasaría si no ocupamos todos los espacios posibles; como camino decidido (soledad poblada). Deleuze: todo acto de creación es un acto de soledad poblada.
· Las fobias y las anorexias serían una reacción al lleno, más que una angustia de vacío. Y la soledad elegida sería elevar a subjetivación lo que las fobias y las anorexias tienen como padecimiento.Los espacios propios, bien micropolíticos y subjetivadores, a la vez están sometidos al cambio de signo que los convierte en espacios de autoexplotación, con un conjunto de servicios materiales e inmateriales totalmente a mano para sostener esa subjetividad que está ahí, en el límite, por un lado súper creativa y por otro al borde del colapso.
· Mecanismos ligados al modo en que se nos presentan los otros. Dos modos de la soledad: Como padecimiento, el miedo a qué pasaría si no ocupamos todos los espacios posibles; como camino decidido (soledad poblada). Deleuze: todo acto de creación es un acto de soledad poblada.
· Las fobias y las anorexias serían una reacción al lleno, más que una angustia de vacío. Y la soledad elegida sería elevar a subjetivación lo que las fobias y las anorexias tienen como padecimiento.Los espacios propios, bien micropolíticos y subjetivadores, a la vez están sometidos al cambio de signo que los convierte en espacios de autoexplotación, con un conjunto de servicios materiales e inmateriales totalmente a mano para sostener esa subjetividad que está ahí, en el límite, por un lado súper creativa y por otro al borde del colapso.
IV - ILSE, BK
· Si hay algo que investigar hoy en las escuelas es la presencia de lo no-escolar allí.
· El Burger King es una maquinaria muy consistente de reglamentación de la situación, absolutamente todo allí está pautado: desde los lugares, las jerarquías, las relaciones, las tareas, hasta las fiestas y los momentos de descanso. Y a pesar de que todo allí está tan pautado o, mejor dicho, a causa de que todo está tan pautado, Carolina pudo armar un grupo de amigos, pudo empezar a establecer vínculos más consistentes con sus compañeros que los vínculos que establecía en la escuela. Si la escuela nunca significó mucho para ella, a partir de su inclusión en Burger King, desapareció por completo. La escuela dejó de existir tanto en su discurso como en sus prácticas. Ahora, todo pasa por Burger King. Parece que la maquinaria de Burger propone, sobre todo, una organización subjetiva.
· ¿Qué efectos subjetivos tiene transitar un espacio completamente organizado? Si salteamos el obstáculo ideológico, podemos preguntarnos por los efectos subjetivos de estos dispositivos y los modos en que operan. Una cosa es hablar del par de opuestos “libertad vs. represión” en un mundo organizado, y otra muy distinta es pensar desde esa lógica en un mundo caótico. Quizá en el mundo actual lo represivo sea subjetivante. Aunque si observamos más detenidamente el procedimiento de estas maquinarias, nos encontramos con que no parecen ser estrictamente represivas. ¿Qué características tienen entonces? La idea sería, más que ver si se trata de control o libertad creativa, pensar qué produce en una situación específica.
· Parece que la eficacia pasa por realizar una lectura exhaustiva de los signos, es decir, por la capacidad de leer la mayor cantidad de signos posibles. Esto se ve muy claro tanto en la maquinaria del ILSE como en la de Burger King o Mc Donals. Se trata allí de leer minuciosamente a los chicos que ingresan y crear una norma para cada signo. Y esto no es exactamente autoritarismo. Si uno no puede organizarse un mundo, entonces la maquinaria se encarga de organizarlo.
· Sería interesante registrar qué tipo de signos se emiten en el mundo actual, qué signos de los emitidos son los que se leen y cómo se organiza esa lectura. Veamos ahora qué pasa si intentamos relacionar estas preguntas con la pregunta por los efectos que producen las maquinarias que organizan territorios. El ser leído, el hecho de que alguien lea los signos que uno emite tiene efectos subjetivantes. Quizás lo más eficaz de estas maquinarias pase por su capacidad de leer los signos que cada chico emite y de operar desde esas singularidades. Quizá por eso los chicos se sienten contenidos allí. Quizá ésa sea la verdadera diferencia con los espacios en que los signos no son leídos por nadie.
· ¿Para qué se lee?, ¿se lee para evitar que se derrumbe la organización?, ¿o se lee para producir vínculo? Hay una diferencia muy grande entre una actividad que va leyendo los signos del otro con una intencionalidad preventiva –como en el caso del ILSE–, y otra –más cercana a la experiencia de Pato en el Bajo Flores o de Bruno en Catán– en que la lectura de cada signo emitido habilita inmediatamente algo en la relación.
· Entre la maquinaria ILSE, el Burger King y los Call Centers. ¿Qué es lo común allí? Entre otras cosas, que fijan sus objetivos de antemano. Pero la organización funciona precisamente por los efectos no buscados que genera. Los objetivos no siempre coinciden con los efectos a pesar de son éstos los que hacen que la organización funcione.
· El Burger King es una maquinaria muy consistente de reglamentación de la situación, absolutamente todo allí está pautado: desde los lugares, las jerarquías, las relaciones, las tareas, hasta las fiestas y los momentos de descanso. Y a pesar de que todo allí está tan pautado o, mejor dicho, a causa de que todo está tan pautado, Carolina pudo armar un grupo de amigos, pudo empezar a establecer vínculos más consistentes con sus compañeros que los vínculos que establecía en la escuela. Si la escuela nunca significó mucho para ella, a partir de su inclusión en Burger King, desapareció por completo. La escuela dejó de existir tanto en su discurso como en sus prácticas. Ahora, todo pasa por Burger King. Parece que la maquinaria de Burger propone, sobre todo, una organización subjetiva.
· ¿Qué efectos subjetivos tiene transitar un espacio completamente organizado? Si salteamos el obstáculo ideológico, podemos preguntarnos por los efectos subjetivos de estos dispositivos y los modos en que operan. Una cosa es hablar del par de opuestos “libertad vs. represión” en un mundo organizado, y otra muy distinta es pensar desde esa lógica en un mundo caótico. Quizá en el mundo actual lo represivo sea subjetivante. Aunque si observamos más detenidamente el procedimiento de estas maquinarias, nos encontramos con que no parecen ser estrictamente represivas. ¿Qué características tienen entonces? La idea sería, más que ver si se trata de control o libertad creativa, pensar qué produce en una situación específica.
· Parece que la eficacia pasa por realizar una lectura exhaustiva de los signos, es decir, por la capacidad de leer la mayor cantidad de signos posibles. Esto se ve muy claro tanto en la maquinaria del ILSE como en la de Burger King o Mc Donals. Se trata allí de leer minuciosamente a los chicos que ingresan y crear una norma para cada signo. Y esto no es exactamente autoritarismo. Si uno no puede organizarse un mundo, entonces la maquinaria se encarga de organizarlo.
· Sería interesante registrar qué tipo de signos se emiten en el mundo actual, qué signos de los emitidos son los que se leen y cómo se organiza esa lectura. Veamos ahora qué pasa si intentamos relacionar estas preguntas con la pregunta por los efectos que producen las maquinarias que organizan territorios. El ser leído, el hecho de que alguien lea los signos que uno emite tiene efectos subjetivantes. Quizás lo más eficaz de estas maquinarias pase por su capacidad de leer los signos que cada chico emite y de operar desde esas singularidades. Quizá por eso los chicos se sienten contenidos allí. Quizá ésa sea la verdadera diferencia con los espacios en que los signos no son leídos por nadie.
· ¿Para qué se lee?, ¿se lee para evitar que se derrumbe la organización?, ¿o se lee para producir vínculo? Hay una diferencia muy grande entre una actividad que va leyendo los signos del otro con una intencionalidad preventiva –como en el caso del ILSE–, y otra –más cercana a la experiencia de Pato en el Bajo Flores o de Bruno en Catán– en que la lectura de cada signo emitido habilita inmediatamente algo en la relación.
· Entre la maquinaria ILSE, el Burger King y los Call Centers. ¿Qué es lo común allí? Entre otras cosas, que fijan sus objetivos de antemano. Pero la organización funciona precisamente por los efectos no buscados que genera. Los objetivos no siempre coinciden con los efectos a pesar de son éstos los que hacen que la organización funcione.
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III - Lazo marketinero
¿Qué pasa cuando se produce una especie de lazo “marketinero” en el sentido de ofrecerse a través de la imagen?
III - La mirada
La mirada parece ser uno de los canales privilegiados de registro del modo en que se distribuye el poder en las diversas situaciones que se producen entre los chicos.
III - Estereotipos valiosos
Los estereotipos cobran entonces un lugar relevante, en tanto modos más inmediatos de leer el mundo. Quizá uno como signo también intenta reforzar ciertos rasgos de la imagen propia para ser visto. ¿Cómo sería entonces ese diagrama en el que uno lee el mundo a partir de ciertos signos, y a la vez se esfuerza por ser leído de cierta manera, dado que ése es el modo de existencia al que podemos aspirar en estas condiciones?
III - Mirar mal
El “mirar mal”, por otra parte, resultaría que no es una tontería sobre la que se pueda conversar, sino un signo de que vos o yo va a ser subordinado. El desenlace violento en rigor es la efectuación de algo que ya estaba planteado en el plano de la mirada.
III - Desafío vs subordinación
Desafío y subordinación parecen ser las estrategias iniciales, espontáneas, automáticas de los chicos en estas condiciones. En las cárceles, por ejemplo, ésta es la condición de base.
III - Código tumbero
El código tumbero podría ser una matriz lógica que excede el ámbito de su procedencia. Quizá podamos pensar todas las situaciones desde esa lógica, en que lo primero es mirar y ser mirado, y luego vienen las operaciones que cada uno es capaz de realizar para no quedar subordinado allí. La condición para sobrevivir sería adelantarse al otro como potencial destructor. El código tumbero, entonces, no es sólo un código que opera eficazmente en las cárceles, sino que puede ser pensado como la lógica que organiza las situaciones en el mundo del marketing. Quizá por eso, hoy el tumbero sea una figura tan popularmente valorada: se trata del que pudo desarrollar un poder muy útil para la vida.
III - Velocidades consumista y tumbera
Supongamos que existen dos velocidades: la del consumidor, que cree que debe redoblar la cantidad y calidad de los servicios que consume para poder seguir siendo consumidor, y así evitar la ley de la cárcel; y la del tumbero, que debe sostener su lugar subordinando físicamente al otro para seguir existiendo. La hipótesis sería que de un lado está la pugna por ser un sujeto de consumo, y del otro, la pugna por la subjetivación del resto del consumo, es decir, del cuerpo de lo ya consumido.
III - Lógica del consumo
Uno siempre tiene con lo que consume una relación de afirmación como sujeto frente a algo que es capaz de destruir. Lo destruimos y lo volvemos a buscar, y así sucesivamente. Pero eso que vamos a buscar una y otra vez, no nos desafía nunca.
III - Lógica de guerra
¿Qué es lo que hace que alguien, ante la amenaza de ser objetivado, destruido, consumido, subordinado, desarrolle el poder de la anticipación? No se trata aquí de una lógica de guerra, donde ante la enemistad de un enemigo me propongo atacarlo, sino de subordinaciones muy puntuales, en situaciones muy variadas. Entonces la pregunta para pensar es: ¿cuáles son los modos de escapar a esa subordinación? Y una respuesta posible es: creando un cuerpo colectivo, que ya no será aquel cuerpo cohesionado por la ideología, pero sí un cuerpo colectivo de otro orden. ¿Cuál es ese “orden”, la naturaleza de esa colectividad? El hecho es que siempre que vemos situaciones en que se pudo zafar de la subordinación, vemos también un cuerpo colectivo haciendo fuerza ahí.
III - Espacio público: ocupación vs privatización
Los espacios públicos –que caracterizan al espacio urbano– son, de un lado, ocupados, y, del otro, privatizados.
III - Política de la mirada
Una política de la mirada es hacer el marketing de sí mismo, como modo de atravesar la ciudad en la que voy a ser juzgado básicamente por cómo me veo, y donde encontraré adherentes (podemos incluir aquí también el repudio) e indiferentes. Habría una vía de generación de existencia en el marketing de sí mismo.
III - Ser visto
El ser visto puede constituir un fin en sí mismo y establecer una mera comunicación, o producir un plus que constituya un encuentro. Objetivarse es quedarse instalado en el trabajo de captar la mirada (y nada más), es instalarse en el lugar de objeto de la mirada del otro. El prototipo de esta estrategia es la anoréxica, que pone toda su energía en el ser vista, sin poder ir más allá de eso.
III - Fobia y anorexia
La fobia y la anorexia, como figuras de época, son también modos de operar sobre el espacio saturado. La fobia, al huir, arma nuevos recorridos. Es decir, va produciendo nuevos espacios a partir del vacío que genera la huida. La anorexia, por su parte, en su discurso nos muestra también una operatoria de vacío que produce otro espacio: cuando a una anoréxica se le pregunta qué come, responde “nada”, no dice que no come, dice que come nada. Allí hay un intento de generar otro espacio recortando el espacio saturado. Fobia y anorexia son entonces estrategias de producción de nuevos espacios.
III - Resistencias no ulteriores al diagrama
Este diagrama “alienador” es el mismo punto de partida tanto de la micropolítica como de la objetivización. En ese sentido, el diagrama no es un poder opresivo previo a la resistencia, tal como lo pensábamos en la modernidad. Conviene pensar este diagrama más que como un poder que tiende a generar el mundo de una cierta manera contra la que se levantan como resistencia las micropolíticas, como el territorio en que se producen las micropolíticas –desde el comienzo–, pero ya no como resistencias al poder sino como fundadoras de existencia. Y al poder pensarlo como aquello que es capaz de cambiar de signo a una micropolítica.
II - PAsa algo
"¿Pasa algo?". Que algo pase quiere decir que algo ocurra bajo el modo de un paso, un pasaje. Algo pasa. Pero: ¿Qué es lo que pasa?: algo. Si ese algo es del orden del significado, quizás sea buena la respuesta: no, nada pasa. Pero si se trata de un pasar de otro orden, deberíamos reabrir la pregunta al modo de ¿y qué es esto otro, este algo que pasa?
I - Preguntas
¿Qué tipo de existencia proporciona la imagen?
Si definimos imagen como una consistencia visible, deseo como impulso vital, y lazo como experiencia de conexión con grado variable de intensidad, modos diferentes de cualidad: ¿Cómo se conjugan estas tres dimensiones existenciales en la situación actual?
Si definimos imagen como una consistencia visible, deseo como impulso vital, y lazo como experiencia de conexión con grado variable de intensidad, modos diferentes de cualidad: ¿Cómo se conjugan estas tres dimensiones existenciales en la situación actual?
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I- Imagen de exito
¿Qué es la imagen del éxito? Acaso lo que te salva del otro, y no lo que te enlaza al otro. El que gana GH no es el que está enlazado, sino el que logró sobrevivir al resto. Pero como el que gana tiene que simular lazo justamente para ganar, se ve cómo en nombre del lazo se consagra finalmente el no-lazo. Una imagen exitosa es aquella que logra perseverar como imagen. Si la existencia pasa por ser imagen para otros, entonces de “seguir siendo imagen” depende seguir existiendo.
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I - Lo pornográfico sería
Lo pornográfico sería, atendiendo a una lectura de Gran Hermano, exponer el cálculo íntimo sobre qué imagen mostrar a los otros.
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