¿Qué es la duda, qué la confusión? Hoy se recetan antipsicóticos a personas que tal vez lo que están es confundidas. Duda el neurótico y se confunde el esquizo. El flujo de las sensaciones no hace dudar; confunde.
En una psicopatología contemporánea, acaso llamemos neurótico al efecto de exposición a la hiperestimulación del mundo actual. Según los recursos que uno tenga para ordenar toda esa estimulación, se arma algo o domina la confusión; los ataques psicóticos serían esa imposibilidad de armar un relato que explique la situación en que se existe.
Hay una idea clásica que es la de lo sublime. Lo sublime es cuando uno se enfrenta a algo inconmensurable. En algún momento eso era una tormenta, una montaña; se generan en vos sensaciones tan fuertes que no hay cómo organizarlas; se produce un desborde. ¿Hay algo parecido a eso hoy, de tener medidas finitas para estímulos enormes? Lo sublime sería el encuentro de una sensibilidad con un infinito. ¿Está lo sublime disperso en todo el medio, generalizando así la perplejidad?
Hoy hay un desborde que ya no es posible pensar como déficit de una estructura. La estructura psíquica, por supuesto, no tiene ninguna consistencia natural. Por ende, podemos pensar los dilemas de la sociabilidad más allá de una supuesta ley que organiza el aparato psíquico a partir de la cual hay ciertas patologías y normalidades. No hay consistencia natural; pero todo el tiempo constatamos consistencias e inconsistencias. Cuando Ignacio Lewkowicz hablaba de la caída del Estado se refería a la caída de la ley simbólica. El problema es que sigue habiendo psicología, Estado, como si la ley todavía estuviera ahí. Pero lo que organizaba una racionalidad integral de todo, eso es lo que desapareció. Entonces, ¿cómo se piensan los signos de sociabilidad sin acudir a disfuncionalidades de estructura? Acaso no haya independencia de las configuraciones psíquicas con respecto al flujo de sensaciones. No es que la subjetividad recibe el exceso de información y la organiza o no, sino que si se regula de cierto modo el contacto con ese exceso, se arma una subjetividad. Y el tiempo sería una dimensión clave para esa regulación, para tramar en un relato las múltiples sensaciones que atraviesan. ¿Tiempo como ralentización? El tiempo regularía la velocidad, ¿habría otra cosa que regula la cantidad, y discrimina relevancia?
domingo, 13 de julio de 2008
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