Spinoza dice que el cuerpo es el lugar de las pasiones. Un cuerpo se define por ser una superficie atravesada por pasiones. Ahora bien, las pasiones no son sentimientos privados; tienen tanta relación con el medio como tiene un relámpago, y son tan susceptibles de ser pensadas como una recta y un punto. Las pasiones privadas pasan “adentro” pero no son algo interno. Son a la vez lo más interior de lo interno y lo más exterior de lo externo.
Cuando un cuerpo afecta mi cuerpo, algo en mí varía, y a eso que varía lo llamamos afecto. Un cuerpo es una realidad afectiva deseante, constantemente sometido al modo en que lo afectan otros cuerpos, sin tener a priori modo para estabilizarse. Visto a cierta distancia, el cuerpo no es el cuerpo de cada uno, sino ese enjambre de líneas que lo están conformando. Claro que uno puede ver cada cuerpo, pero también puede ver los lazos inmateriales con que los cuerpos están afectándose, es decir el modo en que están siendo. Cuando un cuerpo altera mi afectividad, en un primer momento mi cuerpo es pasivo al modo en que está siendo afectado. Eso se llama técnicamente pasión. Quedo pasivo respecto de algo exterior que me activa sin que llegue a entenderlo.
Un cuerpo es un acontecimiento, en tanto producto siempre abierto de singularidades capturándose. Ahora bien, el cuerpo en tanto realidad afectivo deseante, en tanto connatus –fuerza de perseverar en el ser– tiene una complejidad enorme. La complejidad del cuerpo humano reside en que es el tipo de cuerpo que de más maneras puede afectar y que de más maneras puede ser afectado. El connatus es oscilante. No se puede dejar voluntariamente de respirar ni de pensar: estas acciones serían los irreductibles del connatus del cuerpo y del pensamiento. Son el mínimo para decir que hay vida.
La fuerza del connatus está en constante variación según el modo en que las situaciones lo interpelan, y puede aumentar o disminuir, alegrarse o entristecerse. La tristeza es la presencia no elaborada de otra fuerza dentro de uno. La tristeza, a su vez, tiene muchas variedades: el odio, el miedo, la esperanza (o la espera), la melancolía, el arrepentimiento (el equivocarse dos veces). Lo mismo la alegría, tiene muchos modos de aumento; todo lo que sea aumento de la capacidad de obrar, es alegría. El problema es que nunca sabemos a priori qué provocará aumento o disminución en la capacidad de obrar.
Cuando hablamos de obrar, es inmediatamente en relación con otros cuerpos. Cuando tengo capacidad de obrar fuerte, yo mismo puedo generarme afecciones, encuentros virtuosos. ¿Qué son entonces las pasiones? Los afectos espontáneos que las afecciones de los cuerpos hacen sobre nosotros. No por ser pasivo algo me entristecerá; aún si no soy la causa del encuentro, puede alegrarme. Las pasiones no son ni buenas ni malas por naturaleza. Todo el tiempo somos pasivos ante las cosas que nos afectan. Sin embargo, tenemos muchas posibilidades de convertir el modo en que el mundo nos afecta en ocasión de obrar.
domingo, 13 de julio de 2008
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