domingo, 13 de julio de 2008

XV - Mercado y jerarquización

Juan trabaja en un boliche, en sus palabras, de “relaciones públicas”: tiene que ir por la calle e invitar chicas lindas al ViP. La idea del boliche es que vaya gente buscando gente linda y que se vea que en el VIP hay gente linda; tal categoría comprende sólo cierto tipo de humano. Toleran en el VIP un negrito, un gordo, para que el resto, que está en la pista normal, pueda concebirlo como alcanzable. Cuando Juan lleva varias pibas lindas, lo felicitan. Jamás, por supuesto, se explicita qué es ser lindo; es evidente que apuestan a la interpretación espontánea de Juan por la calle. Parecería como si no hubiera un poder que diga quién sí y quién no, pero a la vez hay un poder operando allí.
Juan es un pibe que dice no poder organizarse para hacer nada. Pero el tipo del boliche leyó conveniencia en eso: necesito pibes como vos, que no sean capaces de hacer nada, y que los tres o cuatro grados de calentura que son capaces de sentir por mes, los muevan para traer chicas lindas al boliche, que a su vez traigan chicos con plata. Que estén los que tienen que estar. El mecanismo es increíble porque, por un lado, está todo desreglado pero, por otro, pasa lo contrario, hay una forma muy fuerte de asignar persona-valor-signo-territorio.
Las palabras tipo villero, gorda, puta, linda, etcétera, ¿son un puro significante producido por el mercado, un signo ideológico? El hecho de que estas palabras las organice el mercado, no las vacía de un contenido de jerarquización social. A veces corremos el riesgo de banalizar el hecho de que los padecimientos, los posicionamientos, las formas de valorización que se dan en el mercado son reproductoras de formas de jerarquización social. Que lo social hoy se produzca desde el mercado, no significa que no se produzca más social. ¿Por qué en una era tan posmoderna el racismo vuelve con tanta violencia? En cualquier barrio se dice negro, judío, chino, bolita, coreano con un desenfado peor que en la época del KKK. En aquella época había una estrategia conciente de marcar a alguien y después ir a buscarlo y reventarlo; hoy, la proliferación del racismo es brutalmente cruda. Hay una relación entre esa manera de significar y el lugar al que cada uno queda asignado. No es lo mismo decir hincha de Racing que boliviano. El uso del lenguaje para asignar a alguien como subordinado tiene hoy una potencia inédita. Hay un sitio imaginario del que se deducen las cosas que se dicen, de un magma de signos que no es creado en la situación, sino que está disponible en la situación: ideología post-ideológica. ¿Estética o ideológica?

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