En una escuela de González Catán había un curso que, digamos, no funcionaba. Los pibes mismos decían que no podían hacer cosas juntos. Ni se hablaban casi. Resulta ser que había pibes que paraban en distintas esquinas del barrio, y en la escuela nunca armaban relaciones que salieran de cada banda. Hasta que se empezó a plantear hablar de las esquinas. Es decir, en la situación escolar hubo que admitir que sus habitantes eran grupos determinados en otro lado.
Como dice Bifo, entre los fragmentos experienciales del mundo actual no sólo no hay jerarquías (por ejemplo entre escuela y esquina) sino que sobre todo no hay un protocolo a priori de recorrido compartido de los fragmentos. El modo en que alguien construye un modo de transcurrir por los fragmentos no tiene nada que ver con el de su vecino. La utilidad viene dada por una operación minúscula de cómo armamos fragmentos en medio de la dispersión de situaciones, y no podemos darnos a priori una idea ni si quiera mínima de la lógica con que los otros con quienes nos cruzamos hacen con las partes de su vida y cómo las acoplan entre sí. Todo lo que existe actualmente existe por una recombinación arbitraria de fragmentos; ése es el modo actual de existencia, según Bifo. Hemos pasado de un mundo que operaba pasando de totalización a totalización, con peleas por hegemonía, a uno que opera por recombinación. Pero Bifo llama recombinante tanto a la operatoria del capital como a la de la resistencia: la resistencia no puede estar por fuera de lo que intenta cambiar porque si no se convierte en pura moral. El proyecto personal podría pensarse como un modelo de organización de los fragmentos, pero en línea con el capital.
domingo, 13 de julio de 2008
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