La idea de anomalía no se refiere a anormalidad. Lo anómalo no es un desvío con respecto a la norma: es un singular. Es simplemente algo con la suficiente vitalidad para existir, que se regla según sus fuerzas. O sea, es lo que se escapa del dilema de lo normal-anormal.
Todo puede estar en el código y todo puede no estar en el código. El código es lo que arma la compatibilidad; lo que no está en código no tiene una apertura permanente hacia los otros. Es un problema de cada uno volverse compatible en el código.
Hacer crecer una anomalía sería que esa incompatibilidad no te arruine. Bifo señala la depresión como destino de los incompatibilizados. El código es material de encuentro, con compatibilización; encuentro sometido al código. Bifo utiliza este concepto de modo ambiguo: por un lado es negativo, en el sentido de que hay una trascendencia que te organiza, y por otro, positivo porque es el único lugar donde nos podemos encontrar.
Bifo se pregunta, entonces, ¿cómo hacer para pasar por la red, con su frialdad dada por todo lo que hay que retirar de la propia singularidad en pos de la compatibilización, cómo hacer para pasar por ahí “bombas de calor”?
El punto es que el código nunca dice nada. Para decir algo hay que forzar el código. Hablar es forzar el código hasta que logre pasar por ahí algo que es de la singularidad de alguien. Retorcerlo hasta que pueda actualizar un montón de virtuales.
domingo, 13 de julio de 2008
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